Lic. Juan Antonio Nemi Dib

Cosas pequeñas

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DERIVACIONES
Por: Juan Antonio Nemi Dib

En la escritura, como en la vida, uno sabe dónde empieza pero no dónde ni como
termina. Aquí la prueba: todo estaba planeado y sujeto a una “rigurosa” agenda. Hoy
escribiría sobre transparencia y acceso a la información, aprovechando que la semana
pasada me invitaron a un taller sobre el tema con jóvenes universitarios (que por
cierto se se notaban más interesados en que concluyeran mis etéreos “rollos” que en
su derecho constitucional a saber de los asuntos públicos).

Me disponía a empezar con la versión escrita del bodriecillo -pensando en las
complicaciones de comprimir mis ubérrimas y sesudas deducciones en cuartilla y
media- cuando recordé que desde el día anterior por la tarde no había revisado mi
buzón de correo electrónico, lo que puede convertirse en una situación inmanejable y
llegar a niveles críticos si es que se me ocurriera permitir que las nuevas piezas
se acumularan de un día para otro (crecen de 300 en 300, geométricamente, como atroz
profecía malthusiana).

De modo que antes de empezar a escribir, penosamente, me vi obligado a rechazar las
reiteradas ofertas para comprar Viagra en la web con descuento especial (V|AGRA ®
Official Seller -85%) y a los impresionados donadores que no entienden por qué me
niego a aceptar sus legados en divisas (You Have Won cash Grant/Donation $500,000.00
USD) y a los empleados de loterías que se empeñan en que cobre yo los premios de
sorteos millonarios para los que no compré boleto (You won £ 500,000.00GBP.
(CGPN):7-22-71-00-66-12, Ticket number: 00869575733664, Serial
numbers:/BTD/8070447706/06, Lucky numbers:12-12-23-35-40-41[12]. Reply for details)
y a quienes insisten en que me convierta en vendedor de joyería de fantasía
(“Saludos: en nuestra empresa nos dedicamos a la importación y distribución de
joyería en acero inoxidable calidad quirúrgica. En la actualidad somos la empresa
con mayor surtido y mejor precio en toda la República Mexicana, tenemos modelos
nuevos cada semana además de participar en Expo Joya Ciudad de México y
Guadalajara”). Quizá si les hiciera caso llevaría yo una existencia más fácil,
gastando a manos llenas el dinero fácil o embelleciendo féminas con colgajos de
stainless steel con firmeza de bisturíes, faltaba más.

Pero hay otros correos electrónicos, la mayoría, que no pude ni puedo desdeñar:
mensajes de compañeros de trabajo, lectores generosos que envían comentarios,
cobradores despistados, clientes [in] satisfechos y mi familia. Por mero prurito no
refiero aquí las decenas de lecciones gráficas de anatomía y fisiología que me hacen
llegar algunos amigos preocupados porque sepa yo cosas de la vida que me son ajenas.
Total que lo primero que había en el buzón esta mañana, por ejemplo, era una
presentación que me envió mi esposa sobre la isla de Capri, el famoso pedacito de
paraíso ubicado en el mar Tirreno, al sur de Nápoles. Abrirlo fue introducirme
instantáneamente en un recorrido espectacular por Anacapri, por el Monte Solano -a
través del funicular-, la Gruta Azul y los Jardines de Adriano, además de las
tiendas de limoncello.

Entonces, vino la inevitable asociación de ideas y el recuerdo automático de la tía
Guadalupe, que no desperdiciaba oportunidad para rememorar su viaje a Europa -me
trajo un Ford Matra a escala, de metal de 4 puertas, color azul, de tracción, y un
“Topo Gigio” de piel que permaneció en su casa bajo custodia durante muchos años,
colgado de una puerta- y decía de Capri que la isla se había quedado para sí con
todos los azules posibles.

De pronto descubrí que estaba yo tarareando “Capri, C’est fini” que recuerdo en la
espectacular voz de la catalana/francesa/mexicana Gloria Lasso y que abro rápido la
página de Youtube -inches computadoras que sólo distraen y quitan tiempo a la hora
de trabajar- y que busco la canción para oírla, pero la primera versión en aparecer
no fue la de Lasso, sino precisamente la del compositor de la rola, el francés Hervé
Vilard, en un video de 1965 que por cierto ya le compartí a mis amigos en Facebook.
No tenía idea de quién era ése Hervé y entonces abrí Wikipedia. Nació a bordo de un
taxi que llevaba a su madre al hospital, en 1946. Ella era una vendedora de violetas
de fuera de teatro (literalmente, como en la zarzuela “La Violetera”) y su vida no
debió ser un dechado de virtudes porque apenas tenía seis años el chamaquito cuando
un juez ordenó que lo retiraran de la custodia de su progenitora.

Pasó muchos años en el orfanato intentando escapar una y otra vez, vivió con siete
familias adoptivas y al final fue un cura, el abad Angrand, quien acabaría
formándolo. A los 14, Hervé regresa a París y trabaja en un bar y vendiendo discos.
Pasaría poco tiempo antes de que lo “descubrieran” como cantante y compositor
exitoso. Un día, vagando por el metro parisino se topó con un cartel publicitario de
la isla de Capri y allí, en ese momento, nació un éxito musical internacional que
sería traducido a muchos idiomas y del que se grabarían millones de copias. El
propio Vilard tendría gran éxito en México y los países hispano parlantes,
produciendo 33 discos en castellano.

En medio de un gran seguimiento de los medios, Hervé se reunió con su madre 20 años
después de que los separaron y quizá el mayor hito en su carrera ocurrió en 1967
cuando se declaró -el primer famoso francés en hacerlo- homosexual. Su última
producción, de acuerdo con la página web www.hervevilard.com, es “Le Bal des
Papillons” (la danza de las mariposas).

¿Y la transparencia y el acceso a la información? Ya habrá tiempo… (y la verdad es
que tampoco tenía ganas, es más árido que el Gobi y el Sahara juntos).

antonionemi@gmail.com

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