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HUMANISMO 21

Juventino Ferreira Rosas

Desde sus inicios y durante todo su transcurso, el Siglo XX estuvo ligado a una dinámica social y política, con hitos muy dramáticos en algunos casos y en otros de verdadero horror, resultado de la depredación del hombre por el hombre (en sentido genérico).

En muchas de nuestras páginas negras como especie, el hombre ha sido el lobo del hombre; por pensamiento, por palabras, por acción o por omisión. Pero el asunto es que pocos enemigos tiene el los seres humano tan peligrosos, como sus propios hermanos.

A quinientos años del Renacimiento, como filosofía humanista, como secuencia equilibradora al  obscurantismo de la edad media, en muchos ámbitos de la vida comunitaria y del concierto global de las naciones, el hombre se empecina en continuar como principal depredador del hombre.

Está tan arraigada la práctica, que hay quienes en un acto de lujosa inconciencia, lo toman como norma de vida y lo manifiestan así; “de que lloren en mi casa, a que lloren en la de otro, mejor que sufran en la ajena”.

Más de un evento natural o accidental ha demostrado que esa mentalidad es pobreza en grados de excelencia y que la confrontación y la falta de unidad solo producen pobreza, pobreza extrema, como se vive en muchas partes del mundo y en México también.

El éxito en el rescate de los 33 mineros Chilenos, es un evento que ha motivado a los medios de comunicación e  impresionado a millones en todo el planeta. Unidad de los Chilenos, cooperación entre empresas y gobierno, y sobre todo privilegiar la vida por sobre todo lo demás, han convertido al citado evento en una opinión compartida por muchos millones; ¡si se puede!

En México, en la región de las grandes aguas, que comprende a Chiapas, Campeche, Tabasco y Veracruz, tenemos la experiencia de que la colaboración entre vecinos y conciudadanos ha sido durante muchas décadas, el valioso recurso para superar los retos de las inundaciones y desbordamiento de ríos. La talacha compartida, en el marco de la unidad vecinal, es parte de nuestra cultura ancestral y fortaleza comunitaria ante cualquier fenómeno natural. Ése es humanismo de carne y hueso, que nutre cotidianamente a nuestra cultura y que fertiliza la buena voluntad en nuestra gente.

Ahora bien, indudablemente la Revolución de 1910, nos dividió.

Fueron necesarios muchos años de negociaciones y concesiones para lograr “tranquilizar las aguas” que se desbordaron por casi todo el territorio nacional, con apariciones de grupos armados por doquier. Tres décadas transcurrieron desde el inicio del movimiento armado hasta los primeros ejercicios de gobierno plenamente avocado a atender la conducción del país, más allá de solventar conflictos regionales, y serenar gente impetuosa con aires de líderes insustanciales.

A escasos días de cumplirse los cien años de iniciada la Revolución Mexicana de 1910,  entonces bien caben algunas reflexiones al respecto.

Primero a partir del citado evento, desde 1917, contamos con una Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que no solamente concilió la visión del Estado Mexicano que podíamos compartir  en ese tiempo, sino que por ser el fruto de una conciliación de las aspiraciones, derechos y obligaciones de nosotros los mexicanos, se volvió en automático, nuestra carta de garantía para la paz social y la permanente convocatoria a la unidad nacional.

Hoy, tenemos nuevamente problemas de división en el cuerpo social, con las desastrosas consecuencias que ya conocemos. A pesar de ello  hay actores políticos que no se cansan de sembrar rencores y odios, cosechando entre otros frutos, la crisis brutal que viven los partidos políticos en México, y que tratan de superar por medio de alianzas y coaliciones, pero sin modificar su amplio catalogo de errores.

Hace apenas unos años se auto consideraron dueños del escenario de todas las políticas; hoy lucen como damnificados del tiempo y de los procesos sociales, que los van ubicando en su exacta dimensión; aparatos caros y ostentosos, sin compromisos sociales y dispuestos a disfrutar las mieles del poder sin importar las consecuencias de sus acciones, para la sociedad, y para  los futuros moradores del  territorio nacional, sus hijos y nietos. Son instituciones bajo severa crisis.

Hoy, a partir de lo que nos une, en lo  formal y en lo aspiracional, como sociedad sujeta a varios acicates evolutivos y con una matriz de circunstancias muy nutrida para el cambio social, están dadas las condiciones para que los votantes, los electores, el pueblo, entendido como sinónimo de sociedad, ejerza su voluntad de cambio, generado nuevas etapas de evolución nacional, una revolución desde el consenso de nuestras aspiraciones como pueblo y de nuestras necesidades como seres humanos, inmersos en la pobreza y el descuido institucional.

Desde 1789, con la  Revolución Francesa, se gestó y documentó un cambio político drástico que sustituyó al esquema monárquico, por modelo radicalmente distinto, los gobiernos basados en instituciones en lugar de individuos o familias. No fue la primera revolución y quizá tampoco la más importante  en cuanto a población involucrada, pero su tiempo y circunstancias la ubican como un movimiento que marcó un hito en la historia de la humanidad.

Entonces si el concepto revolución, lo enfocamos en función de los cambios que produce, por encima de que tan espectacular sea el proceso en sí mismo, podemos concluir que estamos en las puertas de nuevas revoluciones en diferentes sitios del mundo, sencillamente porque son necesarias, por que las “uvas están maduras y  es el tiempo de la vendimia”, es la oportunidad del viñador.

Nada que temer; simples respuestas naturales de las sociedades, a necesidades naturales de los pueblos y culturas.

Si el universo evoluciona todos lo días; la comunidad del planeta Tierra, ¿Por qué no?

Superar las divisiones, promoviendo las uniones y enfrentando todas las necesidades de cambio, en la  dimensión y contexto que la sociedad debe brindar a las futuras generaciones, a la nueva humanidad; producirá revoluciones, por elemental necesidad.

Revoluciones desde la perspectiva que reconocemos que la violencia y el divisionismo son garantía de desastre nacional.

Mas que revoluciones estamos hablando de evoluciones, como condición de permanencia de sociedades, ecosistemas y especies. Es el reto cotidiano de la biodiversidad. Es norma de vida. Es adaptación. Es natural necesidad. 
ferreiraconsultor@gmail.com

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