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TELE-VER

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Cosas Pequeñas

Juan Antonio Nemi Dib

“…las noticias no informan de lo que acontece,
sino de lo que otros consideran importante; no hablan de
gente famosa, sino que hacen famosos a aquellos sobre
los que hablan. Luego los medios de comunicación
no informan de los acontecimientos sino de
observaciones. Por eso lo que acontece, para que
acontezca, tiene que ser mediático.”

Daniel  Innerarity

Hace tiempo asistí con mi familia a un programa de concurso transmitido en vivo por la televisión comercial; nunca tuve la intención participar sino como público, como mero observador, pero cuando me di cuenta ya me habían “embarcado” y estaba yo con la cabeza metida en una bandeja llena de espuma para rasurar y tratando devolver al conductor -Paco Stanley- por lo menos alguna de sus pesadas bromas. Quizá si lo hubiera yo reflexionado habría salido corriendo del estudio antes que prestarme al juego, pero las cosas fueron así y no me quedó sino apechugar. Por supuesto que no lo hice deliberadamente.

En ese momento se armó un buen alboroto, los que se enteraron tomaron posiciones y transitaron desde la crítica enconada hasta la fervorosa defensa de “mi derecho” a participar en un concurso cómico e incluso quienes no vieron la emisión tomaban partido en pro y en contra; para algunos constituía un agravio el que hubiera ido con Stanley porque en ese momento me desempeñaba yo como diputado. En Xalapa algunos llevaron la discusión a los diarios y me parece que ésta quedó zanjada con una carta que me hizo el favor de publicar mi entrañable amigo Ángel Leodegario –Yayo– Gutiérrez Castellanos.

Lo que quiero significar de la anécdota es la cantidad de personas que vieron el programa. Muchísimos me detenían en la calle y me preguntaban cómo se le hacía para asistir dado que la gente pasaba meses en espera de un pase; otros querían saber si cobraban por la entrada y si había yo pagado algo por concursar, si realmente entregaban los premios dado que existía la leyenda de que los regalos eran sólo escenografía (me “gané” un reproductor de discos compactos que era novedosísimo y en aquel momento caro y escaso), me preguntaban también por las “Talismanes”, las guapísimas edecanes del programa, en fin… No exagero: me lo preguntaron cientos de veces. Han pasado 16 años desde entonces y todavía hay personas que suelen recordármelo; no tengo duda de que fue mi momento de mayor notoriedad en los tres años de ejercicio legislativo, muy por encima de mis intervenciones en tribuna, las acciones de gestión social y las iniciativas que hice o las funciones que desempeñé dentro del Congreso y que seguramente nadie tiene presentes.

Años después me sucedió algo similar cuando fui al noticiero matutino de Brozo para promover una reunión nacional de alcaldes que estábamos patrocinando desde el Gobierno de Veracruz con el apoyo de Banobras. Después de muchos ruegos me dieron cinco minutos de entrevista -que terminaron siendo 15- y ese mismo día se ocuparon todos los espacios de la exposición que hasta ese momento estaban casi vacíos (el famoso “11 de septiembre” acababa de ocurrir y había un gran clima de incertidumbre) y conseguimos la confirmación de un millar de presidentes municipales de todo el País. No pocos me bromean con esa entrevista que, al final, fue mucho más evidente que la misma reunión que promovía, cuyo modelo fue copiado y repetido durante varios años.

Todo esto parece tener una explicación: el enorme poder de los medios visuales en la conformación del “imaginario colectivo” y, por supuesto, el poder de la televisión en la sociedad contemporánea. A propósito de eso, sorprende la cantidad de veces que se le menciona -casi 30 mil referencias en los buscadores de internet-, pero asombra mucho más lo desconocidas que son en realidad sus ideas, aunque todo mundo hable de ellas. Me refiero polémico pero difícilmente rebatible ensayo sobre los efectos culturales de la televisión escrito en 1997 por Giovanni Sartori. Él es un célebre politólogo florentino cuyas tesis en materia migratoria se calificaron de petardos explosivos en medio de un clima en el que las naciones desarrolladas cierran fronteras y tratan de impedir, con razones y sin ellas, las oleadas de inmigrantes; gasolina al fuego, pues.

Pero a propósito de la nueva comunicación, menos polémico que con la migración, Sartori afirma: “…el video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen. Todo acaba siendo visualizado. Pero ¿qué sucede con lo no visualizable (que es la mayor parte)? Así, mientras nos preocupamos de quién controla los medios de comunicación, no nos percatamos de que es el instrumento en sí mismo y por sí mismo lo que se nos ha escapado de las manos”.

Y agrega: “Lamentamos el hecho de que la televisión estimule la violencia, y también de que informe poco y mal, o bien de que sea culturalmente regresiva (como ha escrito Habermas). Esto es verdad. Pero es aún más cierto y aún más importante entender que el acto de tele-ver está cambiando la naturaleza del hombre. Esto es [lo realmente importante], lo esencial, que hasta hoy día ha pasado inadvertido a nuestra atención. Y sin embargo, es bastante evidente que el mundo en que vivimos hoy se apoya en los frágiles hombres del “video-niño” : un novísimo ejemplar de ser humano educado en el tele-ver -delante de un televisor- incluso antes de saber leer y escribir.”

Que nadie se extrañe si ahora los políticos del mundo le rinden pleitesía a las televisoras (y obedecen sus mandatos), si los candidatos se han convertido en productos de consumo, si la publicidad ha dejado atrás a las declaraciones de principios y los asesores de imagen han sustituido a los ideólogos. Lo que Sartori no dijo es cómo lograr que esto sea diferente si al final, la gente consume mayoritariamente y con fruición ésos productos televisivos.

antonionemi@gmail.com

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