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Bush dice que la tortura ayudó a salvar vidas, en su libro

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NUEVA YORK.  (La Nación).-   Cientos de personas se agolparon ayer en uno de los locales de la cadena de librerías Borders, en Dallas, para capturar un autógrafo del ex presidente George W. Bush, que inició allí una gira para promover sus memorias, Decision Points. Algunos, dijeron, durmieron anteanoche en la calle para poder saludar al hombre que en los últimos días admitió errores y defendió y justificó una de las decisiones más oscuras de su presidencia: las torturas en Guantánamo.

En un recorrido de 481 páginas por su vida con el que busca revitalizar su imagen, Bush insiste en que la práctica conocida como “asfixia simulada” o “submarino”, aplicada a sospechosos de terrorismo durante interrogatorios en la base militar de Cuba, no es tortura. Y justifica la autorización para su uso con el argumento de que ayudó a impedir atentados y salvar vidas.

En el libro, que salió a la venta ayer, pero del que la prensa habla desde hace días, Bush asegura que haber dejado de beber fue una de las decisiones más duras de su vida. “Nada de lo que cuento en el libro hubiera sido posible sin esa decisión anterior”, afirma el ex presidente.

Además, en Decision Points ofrece su versión de los hechos sobre los temas más controvertidos de sus ocho años en la Casa Blanca, que incluyen, además de las torturas en Guantánamo, las guerras de Irak y Afganistán, un plan para atacar a Irán y Siria, el huracán Katrina y la debacle de Wall Street.

Bush admite que tres prisioneros fueron sometidos al “submarino” en Guantánamo. Uno de ellos fue Khalid Sheik Mohammed, el cerebro de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Esos interrogatorios, sostiene el ex presidente, permitieron evitar ataques en el aeropuerto de Heathrow y en el barrio Canary Wharf, de Londres; en Estados Unidos, y a misiones diplomáticas norteamericanas.

“Usando esa técnica salvé vidas. Mi trabajo era proteger a Estados Unidos. Y yo lo hice”, dijo el ex mandatario en una de las múltiples entrevistas que ofreció en los últimos días.

Otra de las revelaciones que ofrece Decision Points es el plan que Bush le ordenó diseñar al Pentágono para atacar plantas nucleares iraníes, como también un ataque encubierto a Siria.

Bush justifica la invasión de Irak y se muestra consternado por la ausencia de armas de destrucción masiva. “Nadie estaba más sorprendido o enojado que yo cuando no encontramos las armas. Tenía un sentimiento nauseabundo cada vez que pensaba en ello. Todavía lo tengo”, escribió.

El ex mandatario le dedicó un párrafo especial al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al que considera un “dictador antiestadounidense” similar a su par de Zimbabwe, Robert Mugabe. Chávez “se está convirtiendo en el Robert Mugabe de Sudamérica”, sostiene.

Bush trabajó en su libro junto con Christopher Michel, un joven de 28 años, egresado de Yale, que fue uno de los escritores de discursos favoritos del ex presidente.

Resurgimiento republicano

Sus memorias invadieron las librerías apenas días después de la resurrección de los republicanos en las elecciones legislativas, en las que lograron recuperar el control de la Cámara de Representantes y sumar bancas en el Senado, donde los demócratas estuvieron cerca de perder la mayoría.

El prolongado silencio de Bush no logró, con todo, apartarlo de la escena política y vale, como muestra del cambio de ánimo que se vivió en Estados Unidos durante los meses en que se mantuvo en la penumbra, una imagen suya que se ve en algunas tiendas: una remera con su rostro sonriente y la leyenda “¿Ya me extrañan?”.

Con todo, las encuestas realizadas el día de la elección revelaron que los norteamericanos siguen cargando gran parte de la responsabilidad de la crisis económica sobre los hombros de Bush, junto con Wall Street y el presidente Barack Obama. La reacción a la debacle financiera y la respuesta a la tragedia desatada por el huracán Katrina aparecen en la lista de “errores” admitidos por el ex mandatario.

Pese a que la pesada herencia que dejó Bush sigue presente, una encuesta realizada por Gallup en julio pasado reveló que los norteamericanos lo valoran ahora mucho más que dos años atrás, cuando le entregó a Obama un gobierno deficitario, dos guerras inconclusas y una economía en llamas. Según el relevamiento, el 45% de los norteamericanos tenía una imagen favorable de Bush, diez puntos más que a principios de 2009.

Además de tratar de mejorar esos números, Bush intenta, con sus memorias, apelar a una sentencia más benévola por parte de la historia que la que le brindó el mundo al dejar la Casa Blanca, una aspiración que otros presidentes, como Ronald Reagan, Lyndon B. Johnson e incluso Richard Nixon, lograron alcanzar.

“Sea cual fuere el veredicto sobre mi presidencia, me siento cómodo con el hecho de que no voy a estar aquí para escucharlo”, escribe Bush en sus memorias. “Ese es un punto de decisión que sólo la historia alcanzará.”

redaccion

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