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“En el PAN no hay línea, tengo mi preferencia pero no intervendré”: Felipe Calderón

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Ciudad de México. (Excelsior).-  El presidente Felipe Calderón aseguró que, aun cuando tiene su preferencia en el proceso interno de elección del nuevo dirigente nacional panista, no intervendrá en la jornada que se llevará a cabo el próximo sábado, a la que ni siquiera asistirá.
“Tomé una decisión muy importante: que el partido haga su deliberación”, dijo Calderón, al señalar que son los panistas quienes tienen que decidir en conciencia “quién puede ser la mejor o el mejor presidente del partido, y es su responsabilidad”.
El Presidente, que hoy inicia el quinto año de su mandato, concedió una entrevista exclusiva en la que hizo un balance de diez años de Acción Nacional en el poder y fijó su posición respecto del proceso interno de su partido y de las acciones con miras a 2012.
Calderón aseguró que trabajará con quien resulte electo líder del PAN tras su proceso interno de debate, en el cual, insistió, no hay línea.
Respecto a 2012, refrendó que, pese a su popularidad, su esposa Margarita Zavala no piensa en postularse como candidata a algún cargo. A los integrantes de su gabinete les pidió que, antes de cualquier aspiración, primero cumplan su tarea de ser buenos secretarios de Estado.
En cuanto a la posibilidad de una alianza electoral entre su partido y otras fuerzas políticas en la próxima campaña presidencial, prevé que ésta será difícil de concretar, aunque no descarta que pudiera formarse en caso de que “se redujeran los caminos democráticos de México”.
Sobre el tema de la seguridad, el Ejecutivo federal consideró que este año ha sido el de mayor violencia, tanto de unas bandas contra otras, como de los delincuentes contra la sociedad o contra las autoridades.
El deber del gobierno federal, aseguró Calderón, es “combatir a los criminales, independientemente de lo que digan las encuestas”.
Enumera logros
Durante la entrevista, Calderón detalló los avances alcanzados en una década de gobiernos panistas:
En diez años la pobreza extrema se ha reducido 25 por ciento, “con todo y crisis”.
En esta década es la primera vez en 40 años que se recupera el poder adquisitivo del salario mínimo, que en los 80 disminuyó 50% y en los 90 cayó 35% a causa de la inflación.
La economía está creciendo a tasas de cinco por ciento.
Entre enero y el 26 de noviembre pasado, se han creado 952 mil nuevos empleos, “cosa que nunca, ni remotamente, había ocurrido en México”.
Toda la gente que tuvo acceso a la salud en el siglo XX llegó a 47 millones de beneficiarios; “nosotros lo duplicamos en diez años”.
Una de cada cuatro viviendas construidas en México en su historia se hicieron en estos diez años.
Uno de cada tres espacios universitarios se realizaron durante estos gobiernos. “Yo, incluso, tomé la cobertura universitaria en 24%, y a pesar del crecimiento demográfico, la subimos al 30% de la población”.
Defiende plan anticrimen
No es de sorprender que el presidente Felipe Calderón afirme que no ha dado ni dará línea a los consejeros nacionales del PAN para que el próximo sábado voten por alguno de los cinco aspirantes a la dirigencia nacional del partido. Lo sorprendente sería que dijera lo contrario.
Aun así, el mandatario se toma el tiempo de explicar las razones que lo llevaron a decidir, en conciencia, no intervenir en el proceso de designación de quien tendrá que conducir a los panistas por las procelosas aguas de la sucesión presidencial de 2012, pasando por el complicado trance de postular a quien los represente en las urnas.
“Cuando uno tiene la capacidad de aglutinar y decirle a todo mundo ‘vamos a apoyar este proyecto’, también transfiere al propio Presidente la responsabilidad que debe asumir un órgano colegiado, así esté formado por mis amigos y colaboradores”, reflexiona Calderón, en entrevista con
Excélsior. Y agrega: “Así que un día les dije: ‘Señores, no voy a intervenir, ustedes tienen que decidir quién puede ser la mejor o el mejor presidente del partido y esa es su responsabilidad'”.
El Presidente recibe al reportero en el Salón Negro de Los Pinos, el martes a mediodía. Está de buen humor. Se sienta en la silla dispuesta para la entrevista y mientras ya ruedan las cámaras de Cadenatres y la grabadora, saca de debajo de su saco su celular y constata que su cuenta de Twitter ya ha rebasado los 300 mil seguidores. Calderón es un asiduo usuario de esa red social, donde trata de no perderse de las principales discusiones que tienen lugar entre los usuarios, aunque admite que cada vez encuentra menos tiempo para tuitear.
Su agenda es tan amplia que resulta un reto cuadrarla con el temario de la entrevista. Unos minutos antes de la cita, en otro punto de la residencia presidencial, Calderón anuncia la promulgación de la Ley Antisecuestro. Simultáneamente prepara su participación en la Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata y en la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático que se celebra en Cancún.
Ambos viajes le impedirán asistir —por primera vez desde que es consejero nacional del PAN, comenta— a la sesión en que ese órgano partidista elige, usualmente cada tres años, al jefe nacional panista.
Cuando uno de los cinco aspirantes a ese cargo sea ungido, el Presidente estará volando de regreso desde Argentina.
Pero ¿por qué se metieron los panistas en el predicamento de decidir entre cinco aspirantes, cuando en los dos procesos anteriores recurrieron a sendas candidaturas de unidad?
El Presidente lo atribuye a los “asuntos ocultos” que han aflorado últimamente en el PAN. Se refiere a diferencias entre militantes por decisiones mal procesadas, como las ya famosas alianzas electorales.
Calderón dice que hubiera sido contraproducente tratar de frenar la manifestación del desgaste en el partido. Y que por eso decidió no meterse en el proceso y dejar que la deliberación fluyera.
Optimista respecto del resultado final, sostiene: “Verás que una vez que se acomoden las piezas o, como se dice en mi tierra, se acomoden los aguacates en la caja, habrá pasado este proceso de reflexión, se empezarán a bajar los chipotes, y el partido saldrá adelante”.
En la conversación, de 45 minutos, el Presidente también habla de las acciones emprendidas en los cuatro primeros años de su sexenio, que se cumplen justamente hoy; responde a las críticas vertidas el lunes por dirigentes del PRI, quienes calificaron esta década de gobiernos panistas como tiempos de poca eficiencia, poca transparencia y poca honestidad; afirma que seguirá combatiendo a la delincuencia organizada digan lo que digan las encuestas; se refiere a su futuro, una vez que deje el poder, así como a las versiones de que su esposa, Margarita Zavala, estaría considerando una candidatura presidencial, y dice lo que espera de los miembros de su gabinete señalados como posibles abanderados del PAN en la contienda de 2012.
Además, respecto de la posibilidad de una alianza electoral entre su partido y otras fuerzas políticas en la próxima campaña presidencial, prevé que ésta será difícil de concretar, aunque no descarta que pudiera formarse en caso de que “se redujeran los caminos democráticos de México”.
El siguiente es el texto de la entrevista.
—Presidente, usted últimamente ha hablado mucho del pasado, se ha referido a la inacción, a la facilidad e incluso a la complicidad. ¿A qué se refiere y a partir de qué momento traza usted ese pasado?
—Yo me refiero a problemas. No me refiero ni a personas ni a partidos, lo cual ha provocado seguramente muchas interpretaciones, pero básicamente me refiero a eso: a problemas que ha tenido México, muchos de ellos asociados al pasado, y ahora me referiré a en qué momento puedo describirlo. Y me refiero también a las soluciones que le hemos dado a esos problemas.
“¿En qué momento se puede hablar de pasado? La verdad es que yo mismo he señalado, en el discurso al que probablemente haces referencia, que estamos viviendo una época en que el pasado convive con lo nuevo, lo viejo con lo nuevo, y eso genera una tensión y una dialéctica muy compleja, que es lo que caracteriza la dificultad de gobernar.”
—¿La nuestra es el caso de una transición que no se pactó del todo, en que no se establecieron las nuevas reglas, las nuevas condiciones para vivir plenamente en democracia?
—Estamos en una transición inacabada, eso me queda claro. Ciertamente la democracia comenzó a construirse hace mucho tiempo, se luchó por ella durante décadas. A mí me parece que tuvo avances muy significativos, particularmente con la reforma política de 1996. Incluso comenzó a gestarse antes. Yo ubico el inicio de la transición democrática mexicana formalmente en 1986, en los movimientos de Chihuahua y Durango, y una expresión clarísima, el saque, digamos, en la elección de 1988, con Manuel Clouthier y el Frente Democrático Nacional.
“Pero luego vienen diversos escalones: la reforma política del 89-90, muy complicada, pero que creó finalmente la credencial para votar con fotografía, por ejemplo. Luego sucesivas reformas electorales, no todas exitosas, pero que significaron un avance. La reforma del 96, que a mí me parece contundente. Y, finalmente, la elección del año 2000, que, qué duda cabe, al traer la alternancia, corrobora precisamente el cambio democrático.
“Evidentemente subsisten momentos en materia política, por ejemplo, y en otras materias, en el propio tema de seguridad e institucional, traslapes entre lo viejo y lo nuevo, que obligan a seguir adelante, y que me hacen pensar que México es un país en transformación constante, por no decir en transición continua.”
—¿Usted diría que los esfuerzos de transformación democrática de la sociedad mexicana están en una especie de zona de confort?
—Es posible que sí. Lo que hemos aprendido en esta primera década del siglo XXI es que sí hay retroceso. Yo lo veo, por ejemplo, en América Latina. Hubo un momento en que pensamos que la democracia había llegado para quedarse, que qué maravilla, que alguien declaraba que “todos los países latinoamericanos”, y alguien hacía el matiz, “salvo Cuba”, son países democráticos, y colorín colorado. La verdad es hay historia después del final que imaginábamos. La democracia en América Latina sí ha tenido retrocesos…
—¿Lo puede tener México?
—Por lo mismo pienso que nada puede descartar un retroceso de la democracia en México, y particularmente si se observa que no todas las entidades de la República tienen el mismo nivel, los mismos parámetros, los mismos estándares de vida democrática, de libertad de expresión, de asociación, de transparencia de recursos, de competitividad de los partidos políticos, etcétera…
—Déjeme preguntarle por eso, porque usted, en el discurso del domingo, decía que “en el ámbito local subsisten expresiones lamentables de opacidad, complicidad e impunidad…” ¿Dónde están esas expresiones?
—Yo creo que habría que irlas explorando a la luz de lo que observan los propios ciudadanos. Lo que a mí sí me preocupa, y lo expresé en el tema asociado con la delincuencia, es que si ésta fue capaz de penetrar las estructuras institucionales fue precisamente porque en algunas de ellas había más opacidad o complicidad. Y eso no tiene colores de partido. Yo creo que ocurre en estructuras del PRI, del PAN y del PRD.
—Usted no se refirió específicamente al PRI en su discurso del domingo, pero el PRI le contesta y le dice que estos diez años de gobiernos del PAN han sido poco eficientes, poco honestos y poco transparentes…
—Pues yo respeto las expresiones de todos los partidos, incluyendo al PRI, pero no es así. La verdad es que, por lo menos en el plano federal, el surgimiento de una ley de transparencia, así como la creación del Instituto Federal de Acceso a la Información y la propia reforma constitucional que se hizo ya en esta administración en materia de transparencia son avances inequívocos en esa materia.
“Podemos tener aciertos o errores, pero hemos tenido como norma precisamente la transparencia, por ley y por convicción, y me parece que eso no ocurría antes. Y creo que cualquier detalle, como pudo haber sido en su tiempo, por ejemplo, la compra de unas toallas, tiene suficiente sensibilidad la opinión pública, que pudo haber tenido acceso a este tipo de detalles, para inhibir la corrupción.
“Me refiero también a que sabemos que en el pasado se formaban fortunas políticas inmensas. Y que, a la vista de los mexicanos, gracias a esa opacidad, se formaban patrimonios que simplemente no se justificaban a la luz de los salarios públicos.”
—Los priistas dicen también que en estos diez años se ha profundizado la desigualdad y se ha estancado la economía.
—Esa opinión también la respeto, pero los datos pueden hablar por sí solos. Por ejemplo, en estos diez años, la pobreza se ha reducido un 25% con todo y crisis. En 2000, recibían algún apoyo del gobierno para combatir la pobreza dos y medio millones de familias. Ahora, con Oportunidades, las familias están recibiendo casi el doble, pero son seis y medio millones de familias. Una de cada cuatro familias mexicanas, casi una de cada tres, recibe un apoyo directo, que son casi 700 pesos en promedio al mes; algunas, por la beca, reciben hasta 2 mil 800 pesos, y están saliendo de la pobreza, eso es un hecho inobjetable.
“La verdad es que la cifra ha bajado de 38 o 39 millones de personas viviendo en pobreza extrema a un punto en que llegó incluso a 14 millones, y con la crisis económica rebotó probablemente a 18 millones, pero, aun así, es un avance muy significativo de reducción de la pobreza.
“Y en cuanto a la economía, yo doy un dato: todos legítima y entendiblemente decimos que apoyamos a los trabajadores, pero en la década de los 80 el salario mínimo, por la inflación, perdió el 50% de su poder adquisitivo; en la década de los 90, perdió el 35% de su poder adquisitivo, y en esta década es la primera vez en 40 años que el poder adquisitivo del salario mínimo se recuperó, es decir, ha crecido más el salario mínimo que la tasa de inflación.
“Además hay otra cosa, hablando de economía: qué bueno que México tenga generaciones muy jóvenes, pero hay que recordar las crisis económicas de otros tiempos, por no decir partidos. La crisis económica del 76 y del 82 y del 88 y del 94… En la del 94-95, prácticamente la mitad de las familias que tenían hipoteca perdieron su casa. Los precios subían más de 100% al año. En otras crisis, en los ochenta, por ejemplo, el pan subía 70% al mes, igual que el arroz y los frijoles. Eso ya no les tocó vivir a muchos muchachos que viven ahora, pero esas sí son crisis.”
—Lo escucho hacer estos contrastes, Presidente, y pienso que apenas el lunes el PRI dijo que usted había abdicado de ser jefe del Estado y está abiertamente en campaña…
—No, la verdad es que creo que es importante resaltar lo que se ha hecho. Es un deber de un jefe de Estado rendir cuentas, y, por otra parte, estoy contestando la pregunta de cómo reacciono a lo que dice el PRI. Yo lo respeto y digo simplemente “comparemos los datos”. Sin agraviar a nadie, creo que vale la pena este ejercicio de comparación de logros o de acciones o de hechos. Hechos que, además, son históricos y constatables.
—Hace cuatro años estaba a punto de tomar posesión, y estuvo en el salón de sesiones de San Lázaro, pero desde entonces no ha sido posible que el Ejecutivo esté en un recinto legislativo pronunciando un discurso…
—Bueno, yo sí fui a San Lázaro. Luego, luego, al primer año, ya estaba yo ahí. Sí fui a presentar mi Informe, pero ciertamente no hubo discurso, cosa que yo lamento. Y luego, al siguiente año, yo dije: Pues yo estoy dispuesto a debatir. Siempre los partidos pedíamos que el Presidente se ponga a la altura de los legisladores y debata. Y yo dije: Pues órale, debatamos. Y entonces el Congreso dijo: No, no, que lo traiga por escrito”.
—¿Qué dice eso de nuestra democracia?
— No habla bien de la democracia eso, desgraciadamente. A mí me encantaría. Yo he sido parlamentario y sé el valor de la palabra y el diálogo. Desgraciadamente, yo creo que ser demócrata no se acredita con tener un cargo público. Ser demócrata implica creer en el valor de la palabra, respetar a los demás y tener siempre el valor de poder dialogar e incluso debatir con respeto. Eso desgraciadamente no ocurre siempre en México y no ocurre siempre en el Congreso. Y especifico: ése ni siquiera es un problema de todos los partidos ni de todos los miembros de uno u otro partido, sino de personas específicas.
—¿Tiene usted el deseo de que el próximo Presidente sí tenga condiciones de hablar ante el Congreso y esto no sea mal visto por los legisladores?
—Por supuesto. No sólo eso: ojalá pueda tener condiciones para hablar y debatir. Me encantaría que lo que señalan los diputados y senadores lo pudiéramos dialogar. Desgraciadamente, insisto, eso no podrá ser hasta que haya condiciones de un mínimo respeto. Y no respeto a fulano o zutano, sino respeto a México y a sus instituciones, comenzando por un respeto al propio Congreso.
—Cuando le han preguntado cuál es el momento más difícil del sexenio, siempre ha contestado que la muerte de Juan Camilo Mouriño. Han pasado muchas cosas desde ese lamentable hecho, como la renuncia de Germán Martínez, algo que no ocurría con un presidente del PAN en más de tres décadas; la salida de Fernando Gómez Mont de Gobernación y su renuncia al partido; el secuestro de Diego Fernández de Cevallos, y la ruptura de su equipo cercano en Los Pinos. ¿Cómo ha vivido esos hechos?
—Todos ellos han sido momentos difíciles, pero tampoco los veo con mayor dramatismo. Es como en el futbol, si ves que un jugador está cansado o vas a cambiar tu estrategia, pues cambias al jugador. Y se acabó. Yo esa lógica la aplico con los mismos secretarios. Respeto, desde luego, la estrategia de otros, que piensan que la clave es que los colaboradores duren seis años, pero, oye, la mayor facultad que tiene el Presidente es ésa. Es tu mayor habilidad, es tu mayor ventaja, pues úsala.
“Por supuesto que duele, en el caso de gente a la que le tienes aprecio, afecto, como es el caso de Fernando Gómez Mont o cualquiera de mis colaboradores, pero yo creo que es parte de la dinámica normal de gobernar: saber ajustar el equipo siempre. Y lo voy a seguir haciendo.
“En el caso de Germán fue una decisión sorprendente, por decirlo de alguna manera, que yo respeto porque él habló mucho de tener cierto escrúpulo político, como ocurre en otras democracias.
“Son momentos complicados, aunque no los consideraría entre los más delicados de mi Presidencia.”
—¿Qué piensa de las interpretaciones de que se partió el calderonismo con motivo de la renovación de la dirigencia del PAN?
—Yo tomé una decisión ahí: no intervenir personalmente en la elección del presidente del PAN. Yo tengo mi preferencia, ciertamente, pero estimo a los cinco candidatos. Blanca Judith (Díaz) estuvo en mi campaña; estimo a Ceci Romero desde hace mucho; Paco Ramírez Acuña, por la relación que hay desde el inicio de la precampaña; con (Gustavo) Madero he tenido una relación; Roberto Gil fue mi alumno… En fin, a todos los aprecio y los respeto. Con cualquiera de ellos que quede me voy a entender bien.
“Pero sí tomé una decisión muy importante: que el partido haga su deliberación y resuelva sus problemas deliberando. Porque también es cierto que cuando uno tiene esa capacidad, que la tiene, de poder aglutinar y decirle a todo mundo “vamos a apoyar este proyecto”, pues también le transfiere al propio Presidente la responsabilidad que debe tomar un órgano colegiado, así sean mis amigos y colaboradores.
“Un día les dije: ‘Señores, no voy a intervenir, ustedes tienen que decidir en conciencia quién puede ser la mejor o el mejor presidente del partido y es su responsabilidad’. Incluso que muchos de ellos se reunieron y preguntaron si había línea o no había línea. Y unos apoyaron a uno y otros a otro y otros a otros más. Y qué bueno que así sea.”
—¿Las expresiones públicas en esta contienda las ve en términos de una lucha democrática o denotan división en el partido?
—Yo creo que siempre hay tensión cuando hay juego democrático, es parte de la naturaleza. Y, luego, en un partido que tenía un ratito de no hacer estos ejercicios. Pero me parece que al final de este proceso, el sábado y el domingo, y ese es mi mensaje a todos los panistas, el partido tendrá que estar unido. Ya debatieron, ya resolvieron sus diferencias, ya se expresó una decisión colectiva y democrática… qué bueno, vamos para adelante, ésa es la clave.
“Yo tengo una teoría en materia de liderazgo. Toda esa visión de que el líder era el que decidía el rumbo y ‘vamos hacia allá’, yo le he llamado un liderazgo tipo Chapulín Colorado, de “síganme los buenos”, tiene algo de bueno, porque todo liderazgo implica cierto ejercicio de conducción y hay que hacerlo. Pero me parece que los liderazgos se vuelven estereotipos cuando no son capaces de permitir que surjan, en el seno del grupo, las diferencias o los asuntos ocultos, que éstos se procesen, se deliberen y se reencaucen. Entonces hacer las cosas de esta manera en el partido permite que surjan muchos temas ocultos, algunos explícitos y otros no, pero que tienen que ajustarse, tienen que confrontarse y tienen que decirse.
“Es un proceso difícil y arriesgado. Uno de los riesgos es que piensen que se divide el panismo, que se divide el llamado ‘calderonismo’ (nunca me han gustado a mí esas tendencias personalizadas), pero yo sé que en un momento dado yo pude haberle dicho a todos mis colaboradores y mis amigos lo mismo que dijo alguien: ‘No se hagan bolas, esto es así’. Pero, no. Hay un proceso democrático y en ese proceso los panistas tienen que debatir y se tienen que cuestionar las cosas. Y todas las cosas que quieren traerme aquí para que yo se las arregle, desde diferencias personales hasta de enfoque o de trabajo, ustedes arréglenselas allá.
—¿Lo prevé complicado?
—Complicado, sí. E insisto: yo tengo mi preferencia. Estoy escuchando sus propuestas. Y podría votar. Es la primera vez que voy a faltar a un Consejo Nacional de elección de presidente. Lo lamento mucho, pero creo que es importante que el partido saque sus cosas, las discuta, las amase bien, y luego vuelva a cocer un buen pan, como dicen en mi tierra, en purépecha, un kurinda ambákiti, un pan bueno, un pan sabroso.
—Es decir, este proceso con cinco candidatos ¿puede tener virtudes que no tuvieron los dos anteriores, cuando hubo candidato de unidad?
—Yo creo que cada uno responde a su circunstancia. Aquellas dos veces había la posibilidad de hacerlo y se juzgó conveniente articular esa unidad. Esta vez también se pudo tomar esa opción. Pero entonces, mucha gente que, de buena fe, hoy dice que se partió el calderonismo, hubiera dicho “oootra vez, candidato de Los Pinos”, “oootra vez, el PAN se convirtió en esto”. Y no es que haya que tenerle miedo a esos juicios. Lo que yo sí observé es que hay un evidente y normal desgaste, hubo un proceso muy complejo con este asunto de las alianzas, hubo, yo creo, un descuido en el manejo de ese proceso, y esas cosas que van surgiendo, si tú no permites que salgan solas, que se procesen en un canal adecuado que es el canal democrático, entonces te revienta por otro lado.
“A lo mejor estoy equivocado en mis tesis, pero así me ha funcionado desde hace mucho tiempo y así va a funcionar ahora. Y verás que una vez que se acomoden las piezas o, como dicen en mi tierra, que se acomoden los aguacates en la caja, habrá pasado este proceso de reflexión, se empezarán a bajar un poco los chipotes, y el partido va a salir adelante.”
—Mencionaba las alianzas. Dio la impresión que mientras César Nava iba por el carril de las alianzas, Fernando Gómez Mont iba en sentido opuesto. ¿Usted supo que cada uno de ellos estaba haciendo una negociación, cuando era claro que eventualmente iban a chocar?
—Lamentablemente como lo describes fue así como pasó. Los dos han sido colaboradores míos a quienes aprecio, pero ahí faltó más coordinación. Es mi punto de vista.
“Ya no quiero repetir lo que he dicho al respecto. Hay gente que me cree y gente que no, pero así fue. No tuve yo el pleno conocimiento de todos los eventos que fueron ocurriendo y eso provocó que se generaran vertientes totalmente distintas que sí pusieron en un predicamento al PAN y al gobierno. La verdad no fue un capítulo que me resultara satisfactorio.”
—El PAN nunca ha tenido un candidato presidencial que no sea panista. Le ofreció la candidatura a Luis Cabrera en 1946, quien no la aceptó. ¿Usted vería a un candidato no panista a la Presidencia en 2012 apoyado por su partido?
—Sí, por supuesto. A mí me alienta la posibilidad de que un día haya un liderazgo tal, que tenga una envergadura ciudadana, que sea acogido de manera natural por el PAN. A final de cuentas, éste es un partido ciudadano y es de las cosas que no debemos olvidar y es de las cosas que deben debatirse ahora, en este Consejo.
“Eso de que no puedan ser candidatos o dirigentes más que los de siempre, no le beneficia mucho al PAN. Hay que entender que dentro y fuera del PAN hay gente muy valiosa y que de repente el partido tiene las puertas muy cerraditas y no deja que nadie entre.
“El PAN tiene que reflexionar al respecto. Yo no sé si por el hecho de que sea el partido en el poder o por el tema de las candidaturas o determinados cargos públicos, el PAN se ha vuelto más cerrado, y eso no es bueno ni para el partido ni para la ciudadanía.”
—¿Ve una alianza en 2012?
—Es muy difícil. Yo la veo muy complicada. Pero viendo lo que pasó en 2010, pues ya nada es descartable. Yo creo que estamos a tiempo de ensanchar los caminos democráticos de México, pero si se redujeran, eso aumentaría las probabilidades de una alianza.
—En las encuestas que se aplican sobre reconocimiento e imagen de distintos panistas, invariablemente sale en la cima de la lista el nombre de Margarita Zavala. ¿Qué significa para usted eso?
—Para mí es muy padre estar casado con la mujer más popular de México. La verdad, me encanta la idea. Siempre la he admirado y querido mucho. Además, ella, desde el principio había descartado totalmente la idea de ser candidata.
—¿Así se lo ha dicho?
—Ella a mí. Sí, por supuesto. Ha sido muy clara. Ella, la verdad, es muy inteligente, además de muy guapa. Y sabe perfectamente el daño que muchas veces ocasionan estas sucesiones de marido y mujer; no siempre salen bien. Además, es un tema que estuvo tan sensible en la piel de los mexicanos en el sexenio pasado. De manera tal que no la veo en eso.
—-Pocos partidos en el mundo democrático logran encadenar tres periodos de gobierno. ¿Usted cree que el PAN tiene argumentos para decirle al electorado “merecemos un sexenio más en la Presidencia”?
—Lo debería de responder el PAN, pero yo creo que sí. Porque los logros de gobiernos surgidos de esta fuerza política han sido muy importantes. Yo no me refería a logros del PAN, sino a logros de gobiernos en democracia y, por lo pronto, marqué diez, que a mi juicio, unos más otros menos, pero son contundentes.
“En salud, por ejemplo. Toda la gente que tuvo acceso a la salud en el siglo XX llegó a 47 millones de beneficiarios, nosotros lo duplicamos en diez años. Y es más vamos a llegar al cien por ciento, a la cobertura universal. Ese solo logro sería argumento suficiente, pero hay más.
“Por ejemplo, vivienda. Una de cada cuatro viviendas construidas en México en su historia se hicieron en estos diez años, es más corrijo, ni siquiera se hicieron, porque hay más, se financiaron con un sistema bancario sano, que no tenía México hace diez años.
“Escuelas, uno de cada tres espacios universitarios se hicieron en estos gobiernos. Yo, incluso tomé la cobertura universitaria en 24 por ciento, y a pesar del crecimiento demográfico la subimos a 30 por ciento de la población.
“Hoy se están construyendo instituciones policiacas ministeriales, que se debieron haber construido hace mucho tiempo en México, y esa falta se está reflejando en lo que estamos viviendo, pero dejaremos, ésa es mi meta, instituciones sólidas, confiables para el ciudadano. O sea, argumento sí podría tener.”
—Ya algunos panistas están moviéndose con la intención de ser candidatos. Ya están ahí Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota, pero algunos dicen que a los del gabinete los tiene usted muy amarrados, no los deja actuar como quisieran.
— Pues mira, ellos saben que tiene que hacer bien su papel de secretarios. Vaya, qué mejor oportunidad tienen para alguna aspiración, pues el ser secretario de Estado, y con una chamba enorme, que hagan bien su papel y yo creo que la gente se los va a reconocer. Y le va a servir al gobierno, y, lo más importante, le va a servir a la gente. Así que en eso nadie detiene aquí a ningún secretario en sus aspiraciones, pero disciplina sí hay, bastante. Todo mundo sabe que aquí la prioridad es servir a la gente.
“Evidentemente, este año, quinto año de gobierno, empezarán los procesos internos de elección de los partidos, incluyendo el PAN, y eso llevará una dinámica mucho más activa, tal vez, en la presencia y en el perfil de quienes sean posibles candidatos.
“Y, nuevamente, aquí, de antemano lo digo: mi lógica es que cualquiera de las y los aspirantes a la candidatura del PAN va a tener el respaldo de los panistas, estoy seguro, y, desde luego, en lo que la ley y la ética me permita, el respaldo, mi voto o lo que sea, en la medida que eso sea válido. No tengo alguien premarcado o preseñalado, prefigurado. A lo mejor votaré cuando tengan que votar en la elección interna del PAN, pero para mí es quien gane la confianza de los panistas en una elección democrática interna, como la que yo gané. Ése va a contar, yo creo, con el apoyo de todos.”
—¿En qué momento les dirá usted la disciplina existe, pero su prioridad es comenzar a moverse para buscar la candidatura?
—La parte de campañas electorales, esa la define la ley, no yo, y qué bueno que así sea. Y la parte del proceso interno del PAN lo decide el propio PAN.
—La lucha contra la delincuencia organizada es un tema central de su gobierno, prácticamente los cuatro años que ha estado en la Presidencia. Cuando ve encuestas donde la mayor parte de la gente, a veces el 80 por ciento, dice: El país está más violento que hace un año o el gobierno no está ganando la guerra. Cuando contrasta eso con el empeño que ha habido de parte de su gobierno ¿cómo se siente?
—Lo entiendo perfectamente por parte de la gente, porque este año ha sido un año de una enorme brutalidad por parte de los delincuentes, ha sido el año con mayor violencia criminal, tanto de unas bandas contra otras, como de los criminales contra la sociedad o contra las autoridades. Ha sido un año donde ha habido, también, pérdida de vidas inocentes, y eso golpea muchísimo a la sociedad.
“También ha sido un año de enormes capturas, si contamos el año, del 1 de diciembre al 1 de diciembre, empezando la de Arturo Beltrán Leyva y del otro bando, Nacho Coronel, y La Barbie, y El Grande, y el Tony Tormenta, y bueno, todo un listado de alias, digamos, enorme.
“Pero, a la vez, cuando ves que asesinan a muchachos como en Salvárcar, en Chihuahua, o luego en Tijuana, o en Nayarit, o esta brutalidad que hicieron con mis paisanos que los confundieron con gente de La Familia, esas cosas van golpeando severamente el ánimo de la gente.
“Ahora, aquí la pregunta clave es qué debe hacer el gobierno. Y para mí la respuesta es unívoca: el gobierno debe, es su deber, combatir a los criminales, independientemente de lo que digan las encuestas. El gobierno debe combatir a los criminales y eso es lo que estoy haciendo, punto.
“Y además, a mí lo que me interesa es lo que oigo y lo que veo de los ciudadanos que están acosados e indefensos en manos de los criminales: la gente de Tamaulipas que le están quitando su cosecha, la gente de Nuevo León que está atemorizada, la gente en Michoacán, la gente de Durango, ahí esas voces están clamando que haya un gobierno que se faje y enfrente a los criminales.
“Y si no se da localmente esa reacción, se da federalmente. Ojalá todos jaláramos un día parejo y les ponemos una tunda enorme a los delincuentes, pero si no, el gobierno federal va a estar, y hasta el último día de mi mandato, defendiendo a la gente.
“Donde haya una gente que la estén extorsionando, donde haya secuestrados, donde estos sinvergüenzas estén paseando con sus camionetas con armas impunemente, ahí vamos a mandar al Ejército, y ahí vamos a mandar a la Marina, y le vamos a dar con todo, como, por cierto, les hemos dado este año.
“La verdad, es que las bajas de los delincuentes en enfrentamientos con las Fuerzas Armadas han sido enormes, han sufrido un daño estructural sin precedentes. No quiero especular mucho, pero, incluso, la violencia, los datos a noviembre, por ejemplo, marcan una reducción enorme.”
—¿Qué tanto le preocupa el asesinato de autoridades?
—Muchísimo. Me pesa. Especialmente de estos alcaldes indefensos. Esa es otra de las razones por las cuales urjo al Congreso, y en particular al Senado, a resolver el tema de la Policía Única.
“¿Por qué razón? Porque mientras los criminales piensen que ese alcalde es el que tiene a los policías bajo su mando y que los va a enfrentar, lo van a seguir golpeando, extorsionando, amenazando y, finalmente un día, levantando y matando.
“Hay que quitarles ese peso enorme y que sean policías mucho más estructurados, mucho más grandes, mucho más fuertes, más disciplinados, mejor veteados, el anglicismo que utilizamos para eso.”
—¿Y los niños sicarios?
—Es un problema también muy triste que refleja una enorme descomposición, pero ya no es un asunto criminal, sino social.
“Me preocupa, quizá más que la violencia… me ha tocado ver tremendas cosas. Por ejemplo, el asunto de los migrantes que asesinaron cobardemente en Tamaulipas. Yo sigo muy de cerca el caso y, por ejemplo, sé que han muerto seis de los agresores, pero además se han puesto en custodia dos más. Uno tiene 17 años y el otro 14, y cuando ves cómo son verdaderos adolescentes los que están reclutando los sicarios, te das cuenta de la dimensión social de este problema, es un asunto que sólo socialmente terminará por resolverse y, dada la envergadura del reto que tenemos en México, será en el mediano y largo plazo.
“Eso sí me duele mucho, es reflejo de muchas cosas, pérdida de valores, por ejemplo, desintegración familiar. También una cultura de la violencia que habrá de plantearnos un día en serio, que tanto la estamos evitando… Aunque también yo creo que debemos revisar nuestra legislación en los temas de imputabilidad de los hechos; yo creo que hay asesinos, que independientemente de la edad que tienen, están plenamente conscientes de la barbarie a la que incurren.”
—Más allá de los resultados, y la opinión de cada quien sobre ellos, nadie duda que se ha enfrentado con el crimen organizado. ¿Ha pensado en qué va a hacer al final de su mandato, dónde va a vivir, en qué condiciones de seguridad? ¿Es tema para usted y su familia?
—Sí, desde luego, y lo es para mi esposa y yo. No lo hablamos frecuentemente pero, afortunadamente, las disposiciones vigentes, permiten, a través del Estado Mayor Presidencial, que tiene una enorme eficacia, garantizar la seguridad del ex Presidente y su familia.
—¿Se quedarían a vivir en México?
—Probablemente, la verdad es que no lo he decidido, dependerá mucho de las condiciones que prevalezcan. No lo descarto, pero también la parte cuando estuvimos estudiando fuera de México, los dos, fue una gran experiencia.
“Yo tengo muchos temas que seguiré toda mi vida. Presidente o ex Presidente, son míos; es decir, la lucha por la democracia, las políticas públicas que me gustan mucho, el medio ambiente… seguiré luchando por ellos donde quiera que esté.
“Probablemente tenga mayor énfasis académico en mi vida. Quizá también, me dedique a trabajar, porque independientemente de que es un buen sueldo el de ex Presidente, también hay que formar un patrimonio que le garantice a los niños sus estudios, su vida, también para nosotros una vejez cómoda. Y eso va a implicar trabajar mucho después de ser Presidente de la República, pero yo trato de concentrarme de aquí al 1 de diciembre de 2012 y eso voy a hacer.
“Y ya, como dicen también en mi tierra, Dios dirá.”

redaccion

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