ColumnistasLic. Juan Antonio Nemi Dib

LA REALIDAD (1)

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Cosas Pequeñas

Juan Antonio Nemi Dib

Está por demás decir que sus nombres son ficticios. A ellos muy probablemente les sería difícil entender los conceptos de publicidad, de vida privada y de derecho a una vida digna; es posible que desconozcan los códigos y las prescripciones morales que al menos en teoría regulan nuestra convivencia como integrantes de la comunidad y me atrevo a pensar que, tras una vida de agresiones de todo tipo, ni siquiera se consideren “protegidos” por las normas y poseedores de “derechos fundamentales irrenunciables”; un poco la filosofía de Pedro Páramo: a sufrir venimos.

Lo que sí es rigurosamente cierto es que esta historia no ocurre en el África subsahariana tan de moda en estos tiempos, ni en una aldea de país bananero (salvo que a pulso nos estemos  ganando también esa clasificación). Es una historia que pasa aquí, junto a nosotros, en una pequeña localidad ubicada a quince minutos en coche, desde la cabecera municipal de Coatepec.

La familia se compone de seis integrantes y la madre, como suele ocurrir en muchos de estos casos, está embarazada de nueva cuenta. Los hijos han nacido con ayuda de una partera, en casa, y ninguno acude a la escuela (aunque la educación básica sea una “obligación constitucional” para los niños de su edad). Prácticamente todos están anémicos y se les ha diagnosticado un cuadro de desnutrición. El asunto es tan severo que Juanita, de cinco años, parece tener tres, mientras que Lalo, de siete, parece de cinco.

La vivienda era de madera y piso de tierra, de una sola habitación, de 4 metros de fondo por 4 de frente, sin energía eléctrica, plagada de olores fétidos (probablemente debidos a la acumulación de residuos orgánicos en descomposición), pero ni siquiera eso les pertenecía, formaba parte del pequeño predio que cuidaban y cuyo dueño les permitía ocupar. Sus vecinos más cercanos estaban, por lo menos, a 300 metros de distancia. Después del “incidente” la familia se trasladó a la casa de la abuela paterna, en donde las condiciones de pobreza y promiscuidad son prácticamente idénticas a las del anterior domicilio.

Hace unos días, Juanita presentó un sangrado incontrolable que obligó a sus padres a llevarla al hospital de Coatepec, cuyo personal de guardia les refirió al Hospital Civil de Xalapa debido a la gravedad del caso. Los médicos dieron aviso al ministerio público ante la evidencia de un ataque sexual contra la pequeñita, a la que apenas el domingo pasado tuvieron que intervenir quirúrgicamente para reparar en lo posible los daños físicos de que fue objeto. Ha mejorado de las lesiones pero ésta son apenas uno de varios problemas de salud que enfrenta: una semana después continúa arrojando parásitos y todavía no terminan de erradicarle los piojos y garrapatas que laceran su frágil cuerpo.

La investigación preliminar hace suponer que Juanita fue agredida en el interior de la “casa”, aparentemente en presencia de sus padres. El ministerio público no descarta la complicidad de éstos.

Desde que está en custodia, Juanita está callada y distante. Habla poco. No ha llorado ni una sola vez. Nunca ha preguntado por sus papás y sólo pidió ver a “Pelón” -Lalo- que igual que ella, se encuentra en custodia de las autoridades. Están por iniciar la terapia psicológica que, según los expertos, permitirá a Juanita enfrentar la agresión de que fue objeto y hablar de ella. Lalo también está en tratamiento médico por la desnutrición. De los hechos, dice que oyó a su hermana llorar mucho y pensó que le habían pegado, pero sólo eso.

En las indagatorias, los papás se contradicen. Primero, la mamá dijo que ella había sido amarrada y sometida, que presenció la agresión contra su hijita pero que “no pudo hacer nada”. En otro momento dijo que sólo había escuchado algo y que no tenía certeza de nada. Por su parte, el papá declaró que le había dado alojamiento a dos individuos y que no se había percatado de lo sucedido. Después aseguró conocer a los supuestos agresores, quienes “estaban tomando”. Pero después hizo otra declaración exculpatoria: “estaba borracho, cansado, llegué a la casa, me dormí, no oí nada”.

Hay evidencias de violencia intrafamiliar. Durante las primeras entrevistas el padre impedía a la madre hablar y ésta se conducía con claro sometimiento al esposo. Ambos tienen entre 35 y 40 años de edad. A partir de esto es que el ministerio público determinó que los menores quedaran bajo la custodia de las autoridades y separados de sus padres.

Curada del cuerpo, sin garrapatas en la cabeza, aún tratada con respeto y bien alimentada, ¿cuál será el futuro de Juanita?, ¿por cuánto tiempo estará protegida de su propia familia?,  ¿qué impedirá que regrese al destructivo círculo de la pobreza?, ¿quién convencerá a Pelón de que es un ser humano querido, digna, con derecho a ser feliz?, ¿qué impedirá que el papá de los niños siga emborrachándose ante la ausencia de una ocupación mejor?

antonionemi@gmail.com

redaccion

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