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Las protestas callejeras continúan desafiando las prohibiciones del Gobierno

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El Cairo, Egipto. (EL PAÍS).-  La madrugada del jueves las calles de El Cairo continuaron funcionando como el escenario de un juego del gato y el ratón entre la policía y los manifestantes que desafían la prohibición del Gobierno de participar en nuevas protestas. Durante todo el miércoles los manifestantes se concentraron en el centro de El Cairo, en Suez y en Alejandría para darle un nuevo impulso a las manifestaciones que el martes dejaron cuatro muertos. A última hora de la noche del miércoles se anunció que se habían producido dos nuevas víctimas, pero una fuente policial citada por la agencia Reuters asegura que los fallecimientos procedían de un accidente de tráfico que nada tenía que ver con los disturbios.

La protesta en la capital para exigir la salida de Hosni Mubarak, en el poder desde 1981, se desarrolló frente a las sedes de los sindicatos de periodistas y abogados, muy cerca de los tribunales, en donde la policía ha cargado con porras y gases lacrimógenos. También se registraron enfrentamientos en otros puntos de El Cairo en los que los manifestantes quemaron neumáticos y lanzaron piedras a las fuerzas de seguridad. Ya entrada la noche, tras cantar consignas contra el Gobierno en la céntrica plaza de Tahrir, la policía -portando chalecos antibalas- tomó control del lugar y dispersó a los manifestantes.

La red social Facebook fue de nuevo la herramienta que los jóvenes emplearon para convocarse en varias localidades. El mensaje corría ayer de terminal en terminal: “Hijos de Egipto, tomad las calles”. De este modo el grupo opositor Jóvenes del 6 de Abril, uno de los organizadores, animaba a no perder el espíritu que había impulsado las mayores revueltas de los últimos 30 años en el que denominaron como día de la ira. Y así también la juventud egipcia volvía a situarse a la vanguardia de la revuelta dejando atrás a sus líderes políticos.

En respuesta, las autoridades han decidido bloquear el servicio de microblogging Twitter, aunque sigue activa la red social Facebook, por medio de la cual los ciberactivistas están llamando a continuar con las protestas contra el régimen. También permanece bloqueada la página de Blogspot, -muy popular entre los blogeros del país- y el chat de Google Talk.

Reacción policial violenta

El malestar por la pobreza, el alto desempleo, la corrupción y la represión, sumado a la revuelta de Túnez, es el cóctel que está alimentando las protestas. Las autoinmolaciones, a imitación de la que acabó con el régimen tunecino, han desatado una incontenible ola de manifestaciones. “El pueblo egipcio está asfixiado”, afirmaban los manifestantes.

El Ministerio del Interior solo ha sido capaz de plantear como respuesta una fuerte represión policial. El gabinete publicó la mañana del miércoles un comunicado en el que asegura que no permitirá nuevos incidentes violentos. Según fuentes ministeriales, las fuerzas de seguridad egipcias han detenido al menos a 500 manifestantes. Uno de ellos es Mark Gamal, un ciudadano egipcio casado con una española que se encuentra en paradero desconocido desde la noche del martes.

También cayó por su propio peso el intento del Gobierno de desautorizar la revuelta argumentando que los islamistas Hermanos Musulmanes estaban comandándola. Estos, al igual que el resto de dirigentes políticos, han quedado en un segundo plano ante la fuerza de los egipcios de a pie, que están siguiendo a los jóvenes que abanderan el cambio. Un cambio político y ausente en consignas de corte islamista, como pretendía contaminar el régimen.

Desprestigio político

La clase política continúa el camino hacia el desprestigio a ojo de sus ciudadanos. El gran ausente de la jornada del martes fue Mohamed el Baradei. El ex director del Organismo Internacional para la Energía Atómica abanderó desde su regreso a Egipto hace un año una corriente opositora denominada Asamblea Nacional para el Cambio. Este grupo, uno de los promotores de las manifestaciones del martes, confirmaba ayer que el diplomático no solo no ha participado en las protestas, a las que tímidamente había animado en su Twitter, sino que ni siquiera se encuentra en Egipto. Esta madrugada, la agencia Reuters anunció que El Baradei tenía pensado aterrizar en El Cairo en algún momento de la jornada.

El primer ministro egipcio, Ahmed Nazif, salió a defender la actuación de la policía en las protestas y aseguró que el Gobierno se compromete a permitir la libertad de expresión por “medios legítimos”. Mientras, la Casa Blanca pidió al Gobierno de Mubarak que respete el “derecho universal” de la población a gozar de la libertad de reunión y de expresión. Egipto es un firme aliado de Washington, por lo que la Administración de Barack Obama observa muy de cerca los acontecimientos en el país norteafricano en los últimos días. Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca, ha resaltado ante los periodistas que “este es un momento importante para que el Gobierno (de Mubarak) demuestre su responsabilidad ante el pueblo egipcio reconociendo los derechos universales”.

La tensión se extiende por todo el país

En Suez, cientos de manifestantes se congregaron desde primera hora del miércoles a las puertas de la morgue para exigir la entrega de uno de los tres cadáveres de los manifestantes caídos el martes. Aseguraban que había muerto tiroteado y exigían una autopsia, según Reuters. “Oh Habib, dile a tu señor que tus manos están llenas de nuestra sangre”, refiriéndose al ministro del Interior, Habib al Adli.

La plaza de Tahrir en El Cairo se ha convertido en el símbolo de esta revuelta. Por eso durante todo el miércoles los ciudadanos intentaron alcanzarla sin éxito. Al anochecer, miles de personas continuaban enfrentándose a la policía, que no dudó en dispersarles con gases lacrimógenos. “¿Por qué me pegas?, estoy luchando también por tus derechos”, recriminaba un joven al policía que blandía frente a él una porra. El desconcierto duró apenas lo que tardó en dar el siguiente golpe.

Las 500 detenciones oficiales se suman a las más de 200 registradas por la Red Árabe para la información de derechos humanos (ANHRI) el martes pasado. El director de ANHRI, el abogado Gamal Eid, explicó que la mayoría fueron detenidos durante la noche en los enfrentamientos que se produjeron en la citada plaza y en persecuciones por todo el centro de la ciudad.

“Muchos de ellos han sido golpeados y torturados. Y a algunos heridos los secuestraron en los hospitales y se los llevaron a dos campos de detención en las afueras de la ciudad”, detalla Eid. Varias organizaciones internacionales de derechos humanos han denunciado que en las comisarías y cárceles egipcias se practica la tortura de forma sistemática. “Hemos hecho saber al fiscal general que todas las detenciones son ilegales porque se han realizado en una manifestación legal y en contra de los derechos. Esto es un crimen”, concluye el abogado.

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