Internacional

Gadafi no deja poder y ordenó ‘aplastar’ todas las protestas

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Trípoli. (Reuters).-  El líder libio Muamar Gadafi ordenó ayer al Ejército y la Policía retomar el control de la situación del país, enfrentado a una revuelta popular, y amenazó con la pena de muerte a los manifestantes armados, en un discurso de una hora y media que fue retransmitido por la televisión estatal.

Gadafi, de 68 años, en el poder desde 1969, llamó a los manifestantes armados “ratas”, asegurando que serán ejecutados y convocó a sus partidarios a manifestarse hoy, prosiguiendo la contraofensiva para salvar a su República Árabe Popular y Socialista.

“Lucharé hasta la última gota de mi sangre (…) moriré como un mártir”, proclamó, vestido con una túnica marrón, amenazando a los rebeldes con una respuesta “similar a Tiananmen (China) y Faluya (Irak).

El coronel Gadafi llegó al poder en Libia tras derrocar el 1 de septiembre de 1969 al rey Idriss. En 1977 proclamó la “Jamahiriya” (“República de las Masas” gobernada por comités populares electos) y se autodenominó “Guía de la revolución”.

Durante su discurso, Gadafi tenía en la mano su Libro Verde, publicado en los años 1970 y compendio de sus doctrinas que sirven de Constitución y negó las centenares de muertes de civiles, describiendo a quienes protestan como “unos jóvenes de 16 a 17 años que se drogan y están manipulados por agentes de servicios secretos extranjeros”.

Tras intentar atemorizar a la población señalando que si sale del poder Estados Unidos ocupará Libia como con Irak y Afganistán, ofreció una mínima posibilidad de reformas con una constitución y nuevas leyes, para formar una “nueva república”, prometiendo a sus compatriotas la posibilidad de disponer del petróleo y de otras riquezas del país” que los libios se repartirían.

Cerca de 300 personas han muerto en los últimos días en la ciudad libia de Bengasi por disparos y bombardeos de tanques, aviones, mercenarios y francotiradores, informaron fuentes médicas a la cadena de televisión Al Yazira. Según un residente de esta ciudad, la segunda de Libia, ha quedado bajo control de las fuerzas de oposición, aunque seguían los enfrentamientos contra militares y mercenarios.

Ayer, la Liga Árabe anunció que suspenderá “inmediatamente” a Libia en su calidad de miembro, mientras que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sesionaba de urgencia para analizar la situación del país.

La televisión estatal nuevamente negó las muertes de opositores señalando que son “rumores falsos” y parte de una “guerra psicológica”.

Explosiones esporádicas se oían también en la ciudad oriental de Tobruk, ciudad que también habría caído en poder de los manifestantes. “Todas las regiones orientales están fuera del control de Gadafi ahora (…). La gente y el Ejército están juntos aquí”, señaló el mayor retirado del Ejército Hany Saad Marjaa.

Cientos de refugiados se dirigían a Egipto a bordo de tractores y camiones, describiendo una ola de matanza y pillaje desatada por la revuelta.

En la ciudad oriental de Al Bayda, el residente Marai Al Mahry dijo por teléfono que 26 personas, incluyendo a su hermano Ahmed, murieron a tiros durante la noche a manos de leales de Gadafi. ”

“Te disparan solo por caminar por la calle”, dijo llorando inconsolablemente mientras pedía ayuda. “Lo único que podemos hacer ahora es no rendirnos, no entregarnos, no retroceder. Moriremos de cualquier forma, nos guste o no. Está claro que no les interesa si vivimos o no. Esto es genocidio”, dijo Mahry, de 42 años.

La organización Human Rights Watch afirma que al menos 62 personas han muerto en Trípoli en los últimos dos días, además de la cifra de 233 muertos entregada anteriormente. Grupos de oposición estiman cifras mucho mayores y la encargada de derechos humanos de la ONU, Navi Pillay, sostuvo que la matanza era un delito de lesa humanidad exigiendo una investigación internacional.

El Consejo de Seguridad de la ONU condenó ayer los actos de violencia contra la población libia por el régimen de Gadafi, a quien pidieron responsabilidades por lo ocurrido y cumpla con la obligación de proteger a los civiles.

La revuelta en Libia, el tercer mayor productor de petróleo en África, provocó la mayor alza en los precios del crudo en dos años y medio, dejando el barril por sobre los 108 dólares.

Con las luchas intensificándose, algunos partidarios de Gadafi comenzaron a abandonarlo. El embajador del país en India, Ali al-Essawi, renunció a causa de la represión y dijo que mercenarios africanos fueron reclutados para ayudar a sofocar las manifestaciones.

También presentaron su dimisión el “número dos” de Libia ante la ONU y otro diplomático de alto rango ante el gobierno chino. Asimismo, los jefes de las misiones libias en EE.UU., Polonia, India, Indonesia, Australia, Malasia, Bangladesh, y el embajador ante la Liga Árabe.

redaccion

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