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Políticas Públicas: La Máxima Institución

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HUMANISMO 21
Juventino Ferreira Rosas

Muy a pesar de lo atractivo que resulte el ejercicio del poder público y lo irresistible de su media  hermana, la política; pocos son los trabajos escritos y dedicados al tema, que han logrado trascender las décadas  siendo considerados como influyentes en ésta materia.

Y es que a veces lo presentado aborda temas técnicos y otras ocasiones teorizan en el amplio espacio de lo posible desde el punto de vista la lógica a secas, sin tener en cuenta la escurridiza materia de la política,  el ser humano; dejando a un lado el principal asunto de los temas políticos, la sociedad, sus necesidades y sus aspiraciones; contextualizadas en lo nacional como sociedad, o como pueblo, que para efectos de necesidades sin solventar es igual.  

En ese tenor encontramos que la mayoría de los libros y textos que han superado la prueba decantadora del tiempo, en el difícil y escabroso terreno de lo político, han sido aquellos que han puesto como la más elevada prioridad, a la sociedad en su conjunto.

Montesquieu, Rousseau,   Maquiavelo, Platón, Marx, Weber, Schmidt y Hobbes, entre otros clásicos del tema, siguen influyendo en las ideas y los esquemas mentales de quienes se interesan en  la temática gubernamental.  Todos ellos han hecho una o varias propuestas, con un elemento en común, su plataforma y propósito es la sociedad.

Desde otra cañada, en el escenario del transito vital común y compartido, podemos observar que en el fondo casi todas las profesiones y artes, conscientes o inconscientes, sirven de manera directa o indirecta a la vida humana en particular, y a la biodiversidad en general.

Similarmente, aunque no lo exprese como el objetivo central nacional, pero lo estima como valor primordial, el marco jurídico vigente, pretende asegurar la vida y darle toda la protección posible; al menos eso dicen las leyes.

Y como penúltimo argumento, ¿Qué  justifica la existencia de todo un cuerpo de leyes y de todo un aparato de instituciones, sin una sociedad a la cual servir?

De modo y forma que la primera institución o la máxima institución de todo país y nación, es la sociedad en su conjunto, como depositaria de la soberanía y como beneficiaria de toda tarea pública, así como receptora de los frutos de los bienes comunes.

Sin una sociedad en pleno ejercicio de los derechos que le son humanamente inherentes, e instalada en el cumplimiento de sus responsabilidades compartidas e individuales, no hay proyecto de nación viable, ni futuro sustentable; luego, la máxima institución nacional, tiene que ser y debe ser la sociedad en su conjunto.

Desde la publicación de “El contrato Social” de Rousseau  y “Del Espíritu de las Leyes” de  Montesquieu, el pensamiento político y la visión de estado confluyeron hacia la separación de los poderes y la radicación del poder soberano en los votantes; dando cimientes para las constituciones políticas emergidas hace doscientos años. La nuestra que nació en 1821, queda inscrita en el proceso ecuménico del inicio del siglo XIX.

Doscientos años han sido suficientes para que los llamados países desarrollados entendieran que la sociedad y sus ciudadanos son la primera prioridad nacional; las evidencias están a la vista de todos.

¿En el México de nuestros días, habrá llegado el momento de asumirnos socialmente, como la máxima institución nacional?

Si somos tan proclives a mencionar los ejemplos de otros países, ¿Por qué no entender que su progreso se basa en darle al conglomerado social el valor que debe tener?

Si establecido está en el marco jurídico que todos somos iguales ante la ley, ¿podemos asumirnos como sociedad unida con esfuerzos y frutos compartidos, respetando los  principios de justicia y proporcionalidad? 

De no ser así ¿Qué otro camino tenemos para concretar la unidad nacional?

Con la influencia de dos culturas proclives al establecimiento de clases sociales e incluso con marcada discriminación por culturas y hasta por colores de la piel y agregando las arengas divisionistas  de algunos actores políticos; ¿tenemos fácil la reconstrucción de la unidad nacional?

O más sencillo ¿tenemos antecedentes de verdadera unidad nacional?

La Agenda del siglo 21, nos presenta un amplio menú de oportunidades, que obviamente resultan de superar los retos actuales. Uno de los ingredientes insustituibles para que hagamos un tránsito exitoso durante la nueva centuria, es una sociedad unida para asumir responsabilidades compartidas; ¿podemos aprovechar esas grandes oportunidades?

La decisión es de todos y de cada uno. Si logramos hacer  mayoría en  favor del cambio y de la unidad nacional, definiendo que la primera institución nacional es la sociedad en su totalidad,  como condición para la ansiada unidad nacional;  entonces estaremos ante  la puerta del éxito, de lo contrario y en el mejor de los casos, continuaríamos como estamos ahora.

Solo un futuro mejor para todos y una sociedad integralmente desarrollada, alientan este humilde esfuerzo de divulgación, pero como siempre, la ultima palabra la tiene usted, acucioso e informado  lector.

ferreiraconsultor@gmail.com

 

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