Internacional

Un Berlusconi noqueado prepara su inminente salida del poder

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Roma, Italia. (ABC.es).- Está a punto de nacer el Gobierno de Mario Monti y ya se ha ganado a la confianza de buena parte de la opinión pública italiana. Monti fue recibido ayer por primera vez en la Cámara Alta con un gran aplauso, que tuvo el sabor de una investidura como primer ministro. Un Monti que se ha ganado igualmente la confianza de los mercados y de las cancillerías europeas.

Fue muy significativa a este respecto la llamada que hizo en la tarde de ayer el presidente francés, Nicolas Sarkozy, al jefe del Estado italiano, Giorgio Napolitano, expresándole «la confianza en que Italia se dote cuanto antes de un gobierno capaz de superar una situación altamente preocupante para toda Europa».

La canciller alemana, Angela Merkel, el presidente norteamericano, Barack Obama, y varias veces el propio Sarkozy han entrado en contacto con Napolitano, pasando por encima de Berlusconi, ya que ni se fían de él ni le creen capaz de enfrentarse a la gravísima situación que vive Italia, con riesgo de bancarrota ante la virulencia de los ataques especulativos. Se ha llegado a temer incluso una crisis de liquidez que habría dejado al país a los pies de los caballos, es decir, de la intervención del FMI, de la quiebra y de la imposibilidad de pagar en diciembre a funcionarios y jubilados, según han alertado varios expertos.

De ahí que se considere en toda Europa milagrosa la intervención del presidente Napolitano. Y que hoy, desde todas las cancillerías, se confíe en la formación de un gobierno de unidad nacional encabezado por Mario Monti como única alternativa, como la última posibilidad que le queda a Italia de salvarse del abismo. De hecho, han bastado la despedida del gobierno de Silvio Berlusconi y la confianza que ya inspira Mario Monti —aunque todavía no haya formado gobierno ni se tengan pistas sólidas sobre la composición del mismo— para que en tan solo dos días la prima de riesgo italiana haya bajado más de 100 puntos básicos (ayer cerró en 454 puntos), al tiempo que la Bolsa de Milán era la que más subía ayer en Europa (un 3,68 por ciento). Son frías cifras económicas que representan un ahorro teórico de más de 3.000 millones de euros, según cuentas realizadas por el Banco central italiano. Se ve así cómo cotizan al alza la caída de Berlusconi y la confianza generada por Monti.

Pero Italia no puede perder ni un minuto. De ahí que la Unión Europea hiciera saber ayer al Gobierno italiano, con urgencia y fuerte presión, que aún no había recibido las garantías y clarificaciones que había solicitado sobre las medidas de ajuste preparadas contra la crisis.

Estancamiento
Con la aprobación de las duras medidas de austeridad en el Parlamento (ayer en el Senado, y hoy en la Cámara de Diputados), Silvio Berlusconi presentará de inmediato su dimisión, quizás hoy mismo, el domingo como muy tarde, según recogen los medios italianos. Después de diecisiete años termina el régimen berlusconiano. No se trata del fin de un gobierno normal, sino de lo que ha sido conocido en todo el mundo como una anomalía italiana: una mezcla de conflictos de intereses, leyes «ad personam» y un creciente empobrecimiento del país, hasta el punto de que el crecimiento de Italia en los últimos doce años ha sido prácticamente cero.

Berlusconi prometió menos impuestos para todos, ciudades más seguras, un milagro italiano… Pensaba hacer de Italia un país que fuera como un club privado, como el Milan, su propio equipo de fútbol. Pero «Il Cavaliere» deja un país divido, más inseguro y al borde del abismo. Por eso, muchos italianos tienen preparada la botella de champán; otros, fuegos artificiales, a la espera de que se haga oficial esa despedida de «el sultán», uno de los sobrenombre más utilizados para denominar a Berlusconi. Aunque será una celebración moderada y sin alharacas, porque los italianos saben que la sombra de Berlusconi seguirá aún por algún tiempo, y sin duda meterá ruido porque todavía tiene juicios pendientes que deberá afrontar sin el gran paraguas de la jefatura del Gobierno.

Tras la salida del escenario de Berlusconi, que lo hace sin honor por no haber sabido retirarse a tiempo, comenzarán las consultas de Napolitano con los líderes de las distintas fuerzas políticas. Los obstáculos son muchos, porque algunos diputados y sus partidos siguen mirando más por sus intereses que por los del país. Preocupa, sobre todo, la tensión que existe en el partido de Silvio Berlusconi, dividido entre quienes desean elecciones anticipadas y quienes apoyan a Monti.

El partido corre el riesgo de dividirse, en una demostración de que fue un «partido personal» con parlamentarios que han obedecido ciegamente al jefe para no perder el puesto. Ahora, al verse sin un líder de referencia, puede venir la desbandada. De hecho, algunos se tiran ya los trastos a la cabeza, como el ministro de Exteriores, llamando «fascistas» a los diputados de la antigua Alianza Nacional. Silvio Berlusconi intenta que se imponga ahora la línea a favor de Monti, para no ser acusado de haber llevado a Italia a la bancarrota. Pero la Liga Norte de Umberto Bossi, dirá «no» a Monti, para quedar en la oposición e intentar recuperar electorado.

Y en el centro izquierda, Preludio Bersani y su Partido Demócrata han hecho un llamamiento al ex magistrado Antonio di Pietro (de Italia de los Valores) para que «ponga los intereses de Italia por encima» de su inquina a Berlusconi y de otros pequeños cálculos políticos.

 

redaccion

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