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Acuerdo Nacional para la Gobernabilidad

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Humanismo 21
Por Juventino Ferreira Rosas

Considerando que la sabiduría es la profunda cátedra de la vida para la vida, y consultando la visión académica de los sabios de la China milenaria, sucede que consideraban que “todo es relativo y lo único que permanece es el cambio”.

En una de las expresiones que sintetiza las enseñanzas de múltiples culturas, se consigna “todo cuanto existe tiene su razón de ser y debe ser respetado”. Así lo han proclamado los Chamanes y/o Líderes culturales de todos los puntos del orbe desde los tiempos abuelos de todos los tiempos, y también lo trae al teclado, el diario acontecer. El respeto es ley universal inextinguible.

Entonces queda claro que en la perspectiva académica de los tiempos y de las civilizaciones, todo cuanto existe debe ser respetado y que el cambio es permanente. O sea lo único absoluto es la relatividad vital.

A manera de segunda referencia cultural, ¿Quién es dueño de la humanidad?, ¿quien es el propietario de los Mexicanos?.

Personalmente nadie.

La historia demuestra que las condiciones y circunstancias son definitorias (ponen limites) a las trayectorias de hombres, mujeres, empresas, imperios y naciones. Las circunstancias cambian y nos obligan a cambiar.

La maravilla del Genoma Humano, también demuestra que somos el fruto del cambio, hijos de una larga trayectoria biológica, con muchas adaptaciones a los cambios de ambiente y con un mestizaje total, somos una sola especie, pulida por los muchos cambios vividos durante incontables milenios. Gracias a todos esos cambios hemos llegado hasta hoy como un componente fundamental de la biodiversidad en el tercer planeta desde el sol. El genoma así lo demuestra.

Para completar el obligado tercio conceptual referencial, ¿Dónde quedaron César, Alejandro Magno y Napoleón, por ejemplo?

En las memorias de sus respectivas culturas y en la historia, nada más.

De modo que los pueblos y civilizaciones no siguen la partitura personal de nadie, aunque son receptoras de todas las valiosas aportaciones culturales e impulsos de prosperidad, dados por sus hijos preclaros y que el propio pueblo decide convertir en patrimonio común.

Siguiendo esa línea de reflexión, ¿Si la sociedad alemana le hubiera negado su voto y apoyo a Adolfo Hitler, éste habría tenido el poder suficiente para intentar adueñarse del mundo?

Desde luego que no; el apoyo del pueblo es indispensable para concretar cualquier proyecto nacional.

Por lo tanto en la más simple de las acepciones lógicas, en el pueblo radica la soberanía y la capacidad de decidir sobre su tránsito vital y su destino, tal como lo establece el texto constitucional, y por consiguiente es el pueblo quien puede establecer las condiciones para la gobernabilidad, con la concurrencia responsable del aparato de gobierno en sus tres órdenes.

¿Cuáles puede ser una de esas condiciones para la gobernabilidad?

La unidad nacional es una de las condicionantes indispensables para la gobernabilidad; y para obtenerla es requisito insoslayable eliminar los odios, rencores, envidias y todos esos padecimientos que como un cáncer, le quitan vida al cuerpo social todos los días.

No es racional, ni progresista, que nos mantengan divididos los odios ajenos o preferencias de partidos políticos; ese es un lujo que estamos pagando muy caro, ¿hasta cuanto y hasta cuando?

¿Y en torno a que nos hemos de re-unir?

A partir de un proyecto de nación donde quepamos todos, o al menos una calificada mayoritaria de los que somos la sociedad civil de este país, sin que nadie desaparezca, ni que nadie se envilezca por ociosidad o por codicia.

¿Y cual es el paso inmediato?

El primer paso consiste en aceptar que todos somos México, que México es de todos y que la ley y los derechos deben ser iguales para todos, de lo contrario, seguiremos en el mismo atolladero y con dificultades crecientes; y no es porque aquí se afirme, pues el presente escrito no pasa de ser un humilde artículo entre millones que a diario se editan; pero basta con observar con científica frialdad los retos que tenemos por delante y también las oportunidades y que si dejamos de superar los primeros, las segundas se evaporarán, como sucede en cualquier empresa.

¿Suponiendo que ya enterramos los odios y le dimos el último adiós a todos lo que nos divide, asumiendo por mayoritaria voluntad dar cumplimiento al casi centenario texto constitucional, que procede a continuación?

Una vía puede ser la integración de una agenda temática de acuerdos nacionales, que nos conduzca al diseño o rediseño del sistema de políticas públicas, toda vez que el desahogo de esa agenda, nos permitirá contar con una visión de estado compartida y con el consenso necesario sobre los grandes objetivos nacionales.

El Acuerdo Nacional para la Gobernabilidad, es indispensable, es impostergable y es inexcusable; o sea no tenemos de otra; a menos que alguien proponga otro camino para que salgamos bien librados de nuestro actual vía crucis.

Con la ayuda de los lectores, Humanismo 21 es cultura de vida y evolución, a sus respetables ordenes en

ferreiraconsultor@gmail.com

millonarias gracias y hasta muy pronto.

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