ColumnistasLic. Emilio M. Gómez

Día del Trabajo

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Pensamiento Compartido

Emilio M. Gómez

Primero de Mayo, un año más de celebración del “Día del Trabajo” en todo el mundo, y en nuestro país, con las mismas demandas, con las mismas necesidades de cada año, y podríamos decir de varias décadas: derecho al trabajo, derecho a huelga, mejores salarios, mayores garantías, mejores prestaciones, “a trabajo igual salario igual”, respeto al trabajo de la mujer, etc.

Haciendo un poco de Historia,  según wikipedia, señala que el 1° de mayo de 1886;  200,000 trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200,000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.

En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país,  las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo.  La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik que estaba en huelga desde el 16 de febrero,  porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia.  La producción se mantenía a base de esquiroles. El día 2 la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50,000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.

Fischer, redactor del Arbeiter-Zeitung  corrió a su periódico, donde redacta una proclama (que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó a la horca) imprimiendo 25,000 octavillas. La proclama decía:  “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado.  Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.  Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!  Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden… ¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís! ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!”.

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 horas en el parque Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como Revuelta de Haymarket.

En dicha revuelta  se concentraron en la plaza de Haymarket más de 20,000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. La policía abrió fuego contra la multitud matando e hiriendo a un número desconocido de obreros.

Se declaró el estado de sitio y el toque de queda deteniendo a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía.

El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, que luego quedaron en 8. Las irregularidades durante el juicio fueron muchas,  violándose todas las normas procesales de forma y de fondo, tanto que ha llegado a ser calificado de juicio farsa. Los juzgados fueron declarados culpables. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.

Samuel Fielden, inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua.

Oscar Neebe, estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados.

Michael Schwab, alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua.

El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución por horca de:

Georg Engel, alemán, 50 años, tipógrafo.

Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista.   Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente.

August Vincent Theodore Spies, alemán, 31 años, periodista.

Louis Lingg, alemán, 22 años, carpintero para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda.

José Martí, corresponsal en Chicago del periódico “La Nación de Buenos Aires” (Argentina), relató lo siguiente:

“…salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro… Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: “la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…”

En México desde la Constitución de 1857 se reconocen plenamente  los principios fundamentales del liberalismo político y económico y, por lo mismo, determinó que el Estado no debía intervenir en la vida económica y que la dirección de la empresa era patrimonio exclusivo del empresario.

La misma Constitución precisa, que las relaciones de trabajo debían regularse conforme a la voluntad que las partes hubieran manifestado en el contrato y que éste debía ser considerado como un contrato de prestación de servicios y que las condiciones laborales debían fijarse según el libre juego de la oferta y la demanda.

Este contrato llamado libre, pronto puso de manifiesto que cuando las partes no poseen la misma fuerza para negociar, la igualdad es la que evita una verdadera relación contractual.

Sin embargo,  la Constitución de 1857 había sido letra muerta ante la dolorosa realidad: el sistema industrial en México de fines de 1800 y principios de 1900 se había limitado a obtener del ser humano la mayor suma de trabajo útil, remunerándolo con el precio más bajo y no con la retribución justa del natural desgaste que experimenta el individuo.

Por ello, el 19 de enero de 1915, se decretó:   “La jornada inhumana no permite al trabajador, la necesaria y constante renovación de sus fuerzas”.

Fue hasta 1913, durante el gobierno de Victoriano Huerta, cuando se celebró el primero de mayo “El Día del Trabajo”, en un abierto desafío al usurpador,  la Casa del Obrero Mundial, congregó a todos sus afiliados, para realizar por primera vez un evento de esta naturaleza.

La invitación hecha por la Casa del Obrero Mundial a todas las organizaciones reunió a más de 25 mil trabajadores en el zócalo de la Ciudad de México, en una manifestación para recordar a los “Mártires de Chicago”.

Durante la celebración, los líderes del movimiento hicieron también un planteamiento de sus numerosos problemas, demandando públicamente solución a ellas y manifestando además la abierta oposición de los trabajadores al régimen dictatorial de Victoriano Huerta.

El Congreso Constituyente a partir del primero de diciembre de 1916, Venustiano Carranza, manifestó su voluntad por una legislación para mejorar la condición del peón rural, del obrero, del minero y, en general de las clases proletarias, preceptos que dependían de las adiciones al Plan de Guadalupe elaborado el 12 de diciembre de 1914.

En su mensaje Carranza, pronunció un discurso en el que procuró explicar la situación sociopolítica por la que atravesaba el país, y explicó las reformas que presentaba el proyecto de Constitución en relación con la Ley Suprema de 1857.

En el Congreso Constituyente, se expusieron muchos puntos dados a conocer por diputados que defendían el derecho obrero, exponiendo la situación que privaba en el país, exponiendo Heriberto Jara: “Nuestra Constitución tan libérrima, tan buena, resultó como la llaman los señores científicos, un traje de luces para el pueblo mexicano”.

El diputado José Natividad Macías, exponía: “Un pueblo miserable, un pueblo harapiento, un pueblo pobre, no podrá ser jamás un pueblo libre. La Revolución quiere que los mexicanos sean hombres civilizados, que tengan la independencia económica para que puedan ser unos ciudadanos de la República y las instituciones libres puedan funcionar para hacer la felicidad de la nación”.

Las ideas y proposiciones del Congreso Constituyente, fueron reunidas por una comisión presidida por Pastor Rouaix y se invitó a José Inocente Lugo, Jefe de la Dirección del Trabajo de la entonces Secretaría del Fomento, que 15 años después sería gobernador del Distrito Norte de Baja California, dando a conocer el Artículo 123 de la Constitución, que establecía las bases para la protección y ampliación de los derechos de los trabajadores y define una política gubernamental en materia laboral.

El Artículo 123 se integra con medidas tendientes a lograr la cabal aplicación de la ley en materia de trabajo, la justicia en las relaciones obrero-patronales, el equilibrio entre los factores de la producción, la ampliación y mejoramiento de los sistemas de bienestar y la optimización del empleo en condiciones corrientes de productividad.

Con el tiempo se dieron modificaciones al Artículo 123 Constitucional, porque se comprendió después, que en el texto original, sólo amparaba a los trabajadores contratados por particulares, y dejaba fuera de su órbita protectora y tutelar a quienes prestaban sus servicios al Estado.

El presidente Abelardo L. Rodríguez expidió un acuerdo sobre Organización y Funcionamiento del Servicio Civil el 9 de abril de 1934,  y el presidente Lázaro Cárdenas del Río aprobó el Estatuto de los Trabajadores al Servicio de la Unión el 5 de noviembre de 1938.

El Artículo 123 Constitucional, ha experimentado numerosas modificaciones, principiando con la Constitución de 1917 que facultó a la Legislatura de cada estado, para expedir las leyes en materia de trabajo, realizando de 1917 a 1929,  90 modificaciones en materia, destacando la falta de un criterio uniforme, el tratamiento desigual que las leyes le conferían a los trabajadores, las constantes violaciones a las normas sobre indemnizaciones legales y el hecho de que algunos conflictos colectivos se extendieran a dos o más entidades federativas, ninguna de las cuales podía intervenir porque sus decisiones carecían de eficacia fuera de sus fronteras, ocasionando que la clase obrera, organizada en sindicatos, federaciones y confederaciones, plantearan la conveniencia de que se expidiera una sola ley de carácter federal.

Como ya comentamos, la primera vez que se celebra en México el día del trabajo con un desfile es en el año de 1913, ahí los obreros exigían sus derechos.

En el año de 1923 siendo Presidente de México el general Álvaro Obregón, se acordó oficialmente que el primero de Mayo es la celebración de la lucha Obrera Mexicana y a partir de 1925 con el Presidente Plutarco Elías Calles, se decide que cada primero de Mayo se celebraría el Día del Trabajo.

A partir de ese año en nuestro país, los trabajadores mexicanos esperan el primero de mayo para conmemorar a sus mártires de Cananea y de Río Blanco, y reclamar sus justas demandas, que año tras año se hacen repetitivas, los trabajadores sindicalizados marchan con sus líderes al frente, y sus mantas con los mismos reclamos, en algunas ocasiones son las mismas de cada año, ya que las necesidades de los trabajadores siguen siendo las mismas.

Incluso en estos tiempos, en el marco de esta conmemoración del día del trabajo, y en el desfile obrero, se suman grupos, organizaciones y partidos políticos que nada tienen que hacer en este día, pero aprovechan la fecha para hacer llegar  también sus reclamos y manifestaciones; mientras los trabajadores ven pasar cada año, desfilando por lo mismo, sin respuesta a sus necesidades, así esperarán el próximo primero de mayo,  usted amable lector tiene la mejor opinión. ¡Hasta la Próxima!

Comentarios y sugerencias:

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