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México: la sociedad hipócrita

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 CLAROSCUROS

José Luis Ortega Vidal

El de Cosme Monroy –Presidente Municipal de Moloacán- no es el único caso de un Alcalde acusado por acoso sexual.

Señalamientos de ese tipo son comunes entre autoridades, así como en diversos ámbitos laborales.

La mayor parte de estos casos no se denuncian; he ahí el punto clave para observar un fenómeno que tiene mucho de judicial, pero también se vincula a circunstancias culturales.

Cuando el legislador Rafael Rodríguez fue exhibido en las redes sociales junto a los pechos desnudos de Xóchitl Tress -viuda del Gregorio “Goyo” Barradas, ex diputado federal y Alcalde electo de “Juan Rodríguez Clara”- se suscitaron reacciones encontradas en torno a la pareja.
Contra Xóchitl llovieron críticas porque ella acusó a Rafael Rodríguez de haber mandado matar a su marido “Goyo” Barradas y a los pocos meses le compartía su intimidad.

A él, se le siguió observando como un hombre acusado de la presunta autoría intelectual de un crimen y aunque nunca se sustentó tal señalamiento, la “maledicencia” lo ubicó como alguien que es capaz –por lo menos- de acciones de esa naturaleza con todo y colofón político-trágico-pasional.

– Pues el diputado Rafael tiene el rostro para acostarse con la viuda que lo acusó de haber mandado matar a su marido; se diría al respecto en la Vox Pópuli.

Lo cierto es que, cuando alguien lo saludó en medio de aquel escándalo, Rafael Rodríguez sonrió socarronamente y expresó: “ya sabes, uno que es galán…”

Desde el punto de vista moral, casos como el del cinismo de Rafael Rodríguez y el señalamiento de acosador sexual de Cosme Monroy, entran en la perspectiva bíblica de invitar a que lance la primera piedra quien se encuentre libre de pecado.
Empero esa piedra, la mencionada en la Biblia, no puede ser lanzada.

No hay condiciones técnicamente humanas para tal proeza.

De hecho –afirma el propio libro de libros- los seres humanos somos producto del pecado original.

Desde ahí…

Sin embargo, vale la pena remarcar que los casos referidos involucran a personajes públicos, a empleados del erario público, a depositarios de representaciones especificas de poder político.

Rafael Rodríguez -Diputado Federal- y Cosme Monroy -Alcalde en el municipio de Moloacán- violan la Ley a la que juraron representar y defender.
Tenemos entonces que el comportamiento hecho público de dos personajes públicos los coloca en una doble demanda: la de su conciencia (asunto privado) y la del juicio social (asunto de interés público).

Ante esta coyuntura es importante subrayar que la nuestra es una sociedad cínica.
Conformamos una sociedad de doble moral.

Vivimos en una cultura de muchas caras; es decir, hipócrita.

De acuerdo a este razonamiento, todos somos Rafael y todos somos Cosme.

La diferencia estriba en el hecho de que nuestros pecados se den a conocer o no ante la opinión pública.
Y también en el hecho de que transcurran en el contexto privado o en el público.

Max Weber –filósofo alemán- demostró que el desarrollo del capitalismo tuvo mayor éxito en sociedades de religión protestante, frente a la dificultad que enfrentó en sociedades de fe católica.
¿Por qué?

Weber encontró que en la práctica del protestantismo se opera bajo una disciplina que busca obtener mayor éxito económico antes que satisfacciones personales.
No es un asunto de ser bueno o de ser malo. Eso nos llevaría a la visión maniquea de las cosas.

Es un asunto más práctico: en aquellas sociedades dispuestas al sacrificio individual en rubros como el gozo, se acepta más fácilmente la disciplina y esto se traduce en una mayor productividad económica.
No se trata de sociedades generosas Per Se.

Son, simplemente, sociedades pragmáticas que anteponen el afán económico ante los placeres mundanos y terminan compartiendo ambos a partir de su respectiva hipocresía.
La de las sociedades católicas es una hipocresía menos eficaz a la hora de hacer dinero, diríamos.

La de las sociedades protestantes es la misma hipocresía, sólo que más cercana a la producción de dinero; por decirlo de una manera simplista pero entendible.
Las religiones protestantes tienen esa característica: la de exigir a sus miembros una absoluta disciplina en todas las facetas de su comportamiento, so pena de ser expulsados por la feligresía.

En contraste, la religión católica es versátil; opera con mayor flexibilidad ante su comunidad.
En la fe católica, el de la disciplina es un tema de libre albedrío.

Cada quien, en lo particular, decide ser disciplinado o no y en el caso de faltar a las normas establecidas, no está en riesgo su pertenencia al grupo.
En México, un claro ejemplo lo constituye la militancia del Partido Acción Nacional.

La ideología derechista ubica a los panistas muy cerca de la relación Fe-Convicción Política.

El primero de diciembre del año dos mil Vicente Fox acudió a la Basílica de Guadalupe antes de tomar protesta en el Congreso de la Unión.
El octavo mandamiento ordena: “No darás falso testimonio contra tu prójimo”; es decir, “No mentirás” y Vicente Fox es un mentiroso compulsivo.

Por mencionar sólo un dato: desde el primero de diciembre del año dos mil el político guanajuatense miente con sólo abrir la boca –“lo arreglo en 15 minutos”, “cenas y te vas”, “Doña Martha”, “Marthita”, “los hijos de la señora Sahagún”, etcétera- y la Iglesia Católica jamás se ha planteado la idea de expulsarlo de sus filas.

Y es que la Iglesia de San Pedro no contempla esa posibilidad salvo casos extremos.

El PAN –por su parte- tampoco se ha atrevido a expulsar a Vicente Fox de su militancia, no obstante su traición en el proceso electoral reciente.
Y es que los panistas son así: constituyen el partido más hipócrita en un escenario político de partidos corruptos.

En México todos los partidos políticos son mentirosos y corruptos; con el añadido de que el PAN suele pecar de lunes a sábado y se siente a salvo con su confesión dominical.

En fin, si Vicente Fox fuera feligrés de una Iglesia protestante para empezar nunca habría sido Presidente y en el remoto caso de que esto hubiese sucedido habría terminado como John F. Kennedy en Dallas, porque los norteamericanos en el tema de la relación Iglesia-Poder no se andan por las ramas…

El pueblo norteamericano es una suerte de sociedad hipócrita/eficaz y pragmática/fanática en extremo: cuando hay que matar mata, sin ninguna duda, para darle continuidad a su ejercicio de poder.
Y además –por si hubiese alguna duda sobre su aterradora profesión de fe- el dólar reproduce en cada centavo el discurso de su ideología: “In God We Trust”.

La doble moral que caracteriza a una importante parte de la sociedad mexicana se refleja también en la vida política y por tanto en el ejercicio del poder.
Xóchitl Tress fue víctima de un escarnio público mientras que Rafael Rodríguez fue apapachado en privado por la cofradía del macho agradecido.

La viuda de un policía en Moloacán, que acusa por acoso sexual al alcalde Cosme Monroy denuncia el hecho y lo ha exhibido ante los medios de comunicación.
Ya veremos si encuentra la justicia que busca.

El sistema de procuración de justicia en México es –además de hipócrita- corrupto.
Será más fácil que Cosme Monroy pase por el ojo de una aguja a que se le investigue en torno a la acusación de que ha sido objeto y –en el caso de ser culpable- se le siente –ya de perdis- frente a un juez.
“Uno que es galán” diría Rafael Rodríguez, personaje que –Gracias a Dios- dejará de ser legislador federal el último día de agosto.

redaccion

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