Cultura

Ivec presenta: “Tesoros de Veracruz: Homenaje Diego Rivera”

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GUADALUPE ÁLVAREZ. Veracruz, Ver.- Una de las más importantes colecciones patrimonio de todos los veracruzanos. Para disfrute de todo el público, se inaugura el jueves 20 en el Recinto Sede a las 20:00 horas. 

Para el Gobierno del Estado a través del Instituto Veracruzano de la Cultura (Ivec) resguardar una de las más importantes colecciones de Diego Rivera, creador universal, representa un alto compromiso de conservación, investigación y difusión para su mayor valoración dentro y fuera de nuestras fronteras.

Por eso se complace en poner esta obra, a disposición de las nuevas generaciones, para difundir el invaluable contenido de La Colección Diego Rivera, patrimonio de todos los veracruzanos en la exposición “Tesoros de Veracruz: Homenaje a Diego Rivera” que se inaugurará el jueves 20 de diciembre, a las 20:00 horas, en la Galería Ida Rodríguez Prampolini, en el Recinto Sede Ivec.

La presente colección de obras de Diego Rivera propiedad del Estado de Veracruz revela información que aún no ha sido estudiada suficientemente por la crítica especializada sobre la compleja evolución que Diego sostuvo en su intensa etapa europea de formación entre 1907 y 1921.

Podemos apreciar sus virtudes como alumno precoz y de evolución afortunada en la primera etapa de su formación ocurrida entre 1896 y 1907 en la academia de San Carlos: En la obra “Retrato de la madre del pintor” se aprecia la calidad extraordinaria alcanzada en este género.

Pero donde demuestra la rotunda solidez con la que egresa -apenas contando con 20 años de edad- es en los dos magníficos paisajes “Barranca de Mixcoac” y “Pico de Orizaba” ambos de 1906 y en los cuales ya puede competir con su insigne maestro José María Velasco.

Sin embargo, tanto talento fue insuficiente en 1906 cuando pierde el concurso para obtener la medalla y beca de estudios en Europa que otorgaba la academia de San Carlos y que gana el pintor Roberto Montenegro –hoy insuficientemente recordado-.

El padre de Diego trabajaba como inspector del departamento de Salubridad Pública, cargo que le permitió obtener una audiencia con el gobernador Teodoro A. Dehesa en 1907, quien después de probar el talento de Diego, le concedió una pensión equivalente a 300 francos franceses mensuales. Con tal capital inició su segunda gran etapa: sus 14 años europeos.

Se matriculó en la academia de San Fernando en Madrid y se consolida como un gran pintor realista y simbolista; sin embargo en 1909 se agotó del academicismo áulico, necesitaba nuevos lenguajes, tomar riesgos, tenía 23 años y se traslada a París.

De esta temporada es el óleo sobre “Naturaleza muerta”, de 1908, un valioso testimonio para documentar que Rivera se está introduciendo a las vanguardias a partir del análisis y praxis de los postulados de Cezanne antes de su arribo a Paris.

Además de las experimentaciones con nuevas posturas en la expresión plástica, en su primer año en Paris, Diego seguía sintiéndose cómodo con la pintura simbolista, un ejemplo es el sutil lienzo de 1909 que concreta su amor hacia Angelina Beloff el mismo año de conocerla en Bruselas.

En 1910 adopta el puntillismo y precisamente es el cuadro “Tierra quemada de Cataluña” un ejemplo de cómo analiza y domina la propuesta formal de Seurat pero sin llegar a integrarla a un estilo propio, es muy evidente la influencia.

Fue seducido por el cubismo, primero por su gran admiración hacia Pablo Picasso, de quien aprende con naturalidad los recursos del cubismo analítico que con maestría utiliza en el oleo “Retrato del escultor Oscar Mietscharninoff” (1913), sin embargo no es hasta que conoció a Juan Gris y se hacen grandes amigos y colaboradores, que Diego se avoca a crear una vasta producción dentro de la estética cubista hasta 1917.

Desde 1917 que abandonó el cubismo, hasta 1921 que decide regresar a nuestro país, Diego Rivera no se decantó aun por la pintura de temáticas sociales, ni siquiera por el muralismo como soporte; en esta temporada de transición decidió regresar a Cezanne, lo cual queda registrado en el espléndido “Paisaje de Arcueil” de 1918; en este cuadro vuelve a su fascinación por la forma y la distribución espacial, con gran libertad de creación colorística.

En 1921 Diego regresa a México y se reinventa.

Esta colección aumenta su valor porque en su conjunto muestra que Diego Rivera fue también un gran pintor de caballete:

Aquí podemos admirar desnudos extraordinarios por su interpretación de la sensualidad como “Desnudo” de 1919 y “Desnudo con girasoles” que resalta por ser una de las piezas con mayor capacidad expresiva acerca de valores universales como lo femenino y el erotismo pero en clave de lo propio.

Bellos registros de personajes mexicanos anónimos elaborados con evidente admiración y ternura: niños y niñas, volador en la cúspide, niño pescando, y el magistral dibujo de “mujer con morral” de trazo ágil y casi inmediato que ilustra la constante de su carrera: su capacidad de síntesis formal. Sin duda esta colección de Diego Rivera es un Tesoro de Veracruz.

redaccion

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