Cultura

Muere a los 104 años el Poeta de la Curva

0

RÍO DE JANEIRO, BRASIL. (Redacción).- Brasil lanzó ayer un mensaje al mundo: el arquitecto Oscar Niemeyer, fallecido el pasado miércoles a los 104 años en el hospital Samaritano de Río de Janeiro, no fue un brasileño común, por más que él se afanara en sacudirse la trascendencia.

Para sus compatriotas, Niemeyer era un hombre de Estado, un genio que puso al país en el mapa de la élite arquitectónica mundial. Y así le lloraron ayer y le llorarán hoy, con los honores reservados a los presidentes.

Un avión gubernamental trasladó sus restos embalsamados a Brasilia para rendirle un último homenaje en el Palacio presidencial de Planalto, una de sus obras maestras en la capital. Niemeyer es el tercer brasileño que recibe estos honores tras el presidente Tancredo Neves (1985) y el vicepresidente José Alencar (2011).

 El féretro, acompañado en todo momento por sus familiares, regresó anoche a Río, ciudad que lo vio nacer y morir pasado un siglo, ese lugar preñado de bahías y cerros donde el maestro de la curva encontró la inspiración y forjó su personalísimo lenguaje rompedor con el lenguaje de su generación y de las venideras. Oscar Niemeyer, el último superviviente de los grandes maestros del siglo XX, selecto club integrado por nombres como Le Corbusier, Mies van der Rohe o Frank Lloyd Wright, seguía pidiendo que le informaran sobre el avance de sus proyectos. También pidió un café, y un pastel. Así fueron las últimas horas del gran artista de la arquitectura brasileña en el relato de su viuda, Vera Lúcia Cabreira. Su marido, Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares (Río de Janeiro, 1907), será velado hoy en el Palacio de la Ciudad y al final del día recibirá sepultura en el cementerio São João Batista. Se han decretado tres días de luto oficial en todo el estado de Río.   En declaraciones a los medios, en las puertas del Hospital Samaritano de Río de Janeiro, Cabreira ha explicado que el arquitecto estuvo lúcido hasta la mañana de ayer. “Perdí a la persona que más me gustaba en el mundo. Perdí a un amigo, lo perdí todo, va a ser difícil”, ha añadido la viuda.

El ataúd donde yace Oscar Niemeyer es subido a un avión para ser llevado de Río de Janeiro a Brasilia. / STRINGER/BRAZIL (REUTERS)

Tras haberle ganado una sucesión de pulsos a la muerte, ilusionado con celebrar su 105 cumpleaños el próximo 15 de diciembre rodeado por su esposa, sus nietos, biznietos y tataranietos, Niemeyer no ha resistido el último embate de la enfermedad y la vejez. Deja atrás una interminable lista de premios y reconocimientos, entre los que constan el Pritzker de Arquitectura (1987), el Príncipe de Asturias de las Artes (1989) o la Royal Gold Medal del Royal Institute of British Architects (1998).

El arquitecto ha sido embalsamado esta madrugada y permanece en un hospital de Río de Janeiro desde donde partirá en cortejo fúnebre a Brasilia, ciudad que ayudó a crear y en la que tendrá lugar el velatorio. Está previsto que a las 10.00 hora local (12.00 GMT) el cuerpo sea trasladado al aeropuerto internacional de Río y de allí viajará a la capital brasileña, informa EFE.

Congreso de Brasil, obra de Niemeyer del año 1960. / AFP

La salud del genio brasileño se vio especialmente deteriorada durante este año, con permanentes recaídas que lo obligaron a permanecer ingresado en el hospital Samaritano de Río de Janeiro en tres ocasiones.

La primera fue en mayo, cuando tuvo que ser hospitalizado durante tres semanas por un cuadro severo de neumonía y deshidratación. En octubre volvió a ingresar en la misma clínica aquejado por un nuevo episodio de deshidratación. Tras recibir tratamiento durante algo más de dos semanas, obtuvo el alta el pasado 27 de octubre.

No pasó ni una semana hasta que tuvo que regresar al centro médico, de nuevo deshidratado. Desde el dos de noviembre Niemeyer se alimentaba a través de una sonda gástrica, respiraba sin ayuda de aparatos y, según los boletines firmados por el doctor Fernando Gjorup, se mantenía lúcido. Fue una repentina disfunción renal, agravada por una hemorragia digestiva y una posterior infección respiratoria, el detonante del desenlace fatal. Niemeyer pasó sus últimas horas de vida asistido por un respirador y sedado.

 El laureado arquitecto tuvo que encajar el pasado junio la muerte de su única hija, Anna María, víctima de un enfisema pulmonar a los 82 años. La conocida galerista carioca dejó en herencia a sus cuatro hijos un importante acervo de dibujos, diseños y objetos personales del autor de obras maestras como los palacios gubernamentales de Brasilia o la sede de la editorial Mondadori en Milán. Buena parte de esta colección salió recientemente a subasta por voluntad de los nietos de Niemeyer.

Durante los últimos meses los principales medios brasileños han informado pormenorizadamente del agravamiento de la salud del que fuera el arquitecto más premiado de la historia de Brasil y figura indispensable de la cultura de este país. Alguna cabecera llegó a avanzar erróneamente su muerte dando pábulo a oleadas de comentarios en las redes sociales que siempre acababan siendo desmentidos.

 Niemeyer, el hombre centenario que nunca claudicó, el comunista irredento, mantuvo su actividad hasta los últimos días. En su maravilloso estudio ubicado desde hace más de 50 años en la última planta del edificio Ypiranga, en la avenida Atlántica, bañada por la legendaria playa de Copacabana, el arquitecto solía recibir semanalmente a grupos de amigos para debatir sobre las más variadas disciplinas. Allí seguía supervisando y firmando proyectos junto a su fiel equipo de colaboradores; allí despachaba la correspondencia que le llegaba desde medio mundo, como el paquete remitido por Fidel Castro hace cinco años desde La Habana que, en un guiño cómplice y socarrón, contenía los guantes de un famoso campeón cubano de boxeo.   Niemeyer se casó por segunda vez a los 98 años y hasta su última hospitalización no renunció a sus pequeños placeres diarios, como la copa de vino del almuerzo. Su salud parecía a prueba de obuses hasta que hace un par de años su médico le obligó a abandonar los cigarrillos que tanto echó de menos hasta el último segundo.

“No tengo cien, tengo 60 años. Si hoy hago todo lo que hacía con 60 años, entonces tengo 60 años”, respondió con sorna en julio de 2007, cuando le preguntamos por la sensación de llegar al siglo de vida. Y a ello añadió, con la sencillez de los grandes de verdad: “La vida es demasiado corta, es un minuto. Un minuto que pasa deprisa”.

La Fundación Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer-Principado de Asturias ha organizado para este fin de semana una serie de actividades en homenaje al arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, fallecido la noche del jueves, a los 104 años de edad.

 Este viernes, a las 20.00 horas, se le recordará con un recorrido por su vida y su obra en la plaza del Centro Niemeyer.

 Asimismo, durante el fin de semana se llevarán a cabo unas jornadas de puertas abiertas en todos los espacios del centro, desde las 12.00 hasta las 22.00 horas.

redaccion

Es muy prematuro aún decir que hay vida en Marte

Previous article

Chavez se someterá a Oxigenación hiperbárica.

Next article

You may also like

Comments

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

More in Cultura