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Nuevamente la deuda pública de Veracruz

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Eduardo de la Torre Jaramillo

Considero importante escribir nuevamente sobre este tema, ya que está de moda hoy en día para la Procuraduría General de la República, porque ya están investigando las deudas estatales de Tabasco y Sonora por presuntos desvíos de recursos por parte de sus exgobernadores Andrés Granier y Eduardo Bours.

El tema de la deuda es una de las facultades que pasan por el Congreso Local, ya que es quien autoriza los empréstitos y por lo tanto tiene una responsabilidad directa sobre el propio desarrollo del Estado veracruzano, a través de la preservación de que existan finanzas sanas para poder impulsar el crecimiento y el desarrollo del mismo. Antes de continuar con el tema de la deuda veracruzana; tengo que precisar el concepto de desarrollo y democracia desde el punto de vista de Amartya Sen, éste las vincula con la eliminación de las principales fuentes de privación de la libertad: pobreza, escasez de oportunidades económicas, privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos, la intolerancia y el exceso de intervención de los Estados represivos; retomo esta concepción y engarzándola con la deuda de un estado, aquella provoca no sólo el estancamiento de una economía, sino que aumenta la pobreza y la desigualdad como está sucediendo con Veracruz desde hace una década.

Regresando al tema de deuda pública de Veracruz, según la SHCP aquella asciende a 39,800 millones de pesos, al hacer la revisión de la página web de esa Secretaría en el primer trimestre de 2013; lo que no está allí contabilizado son las deudas a los acreedores privados (constructores, universidades privadas con las becas, y la lista es interminable), de los cuales el cálculo se podría duplicar, según los especialistas financieros veracruzanos.

Continuando con la línea de interpretación anterior, puedo afirmar que las herencias financieras de los gobiernos anteriores, y particularmente hablando de la deuda fueron de la siguiente manera: con Miguel Alemán Velasco la deuda fue de 3.5 mil millones de pesos; con Fidel Herrera Beltrán, la deuda heredada fue de 21,500 mil millones de pesos; actualmente la deuda ascienda, como ya lo habíamos mencionado en líneas anteriores a 39,800 mil millones de pesos; y como no hay rendición de cuentas ni transparencia, los veracruzanos desconocen que se hizo con ese dinero, pero lo más complejo ahora es que a todas luces es una deuda ilegal, ya que el dinero no se destinó para lo que establece la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ni a toda la legislación secundaria.

Por otra parte, y más allá de la interpretación técnica de la deuda, ésta tiene relación directa con el estilo personal de gobernar de la clase política local; si efectivamente continuamos diciendo que el desarrollo de un país o una entidad federativa como la nuestra reside en dos formas de abordarlo: con ahorro o con deuda; donde es pertinente decir que los únicos gobernadores que lo hicieron a través del ahorro fueron Agustín Acosta Lagunes (1980-1986), y Patricio Chirinos Calero (1992-1998); los demás han gobernado con deuda: Dante Delgado Rannauro (1988-1992), Miguel Alemán Velasco (1998-2004), Fidel Herrera Beltrán (2004-2010) y el actual gobernador (2010-2013). Además, de ser unos políticos irresponsables, que carecen de imaginación, inclusive se mezcla la complicidad con el cinismo gubernamental y su estilo depredatorio al gobernar.

Finalmente, al tener un Congreso Local con una “mayoría mecánica” del partido que ha gobernado durante los últimos 84 años; ha tenido como eje el quebranto socioeconómico, cuyo reflejo se puede constatar en los últimos 20 años.

Por eso, de continuar así, Veracruz seguirá condenado al mayor atraso de su historia contemporánea; por lo tanto, el único camino que le queda a nuestro estado es que tengamos un Congreso dividido y/o compartido votado por una ciudadanía que se ha quedado sin respuestas y acciones gubernamentales. Por lo tanto, el 7 de julio la ciudadanía de esta entidad tendrá la última palabra: votar por la continuidad y el deterioro, o votar por un Congreso libre, autónomo y que pueda equilibrar el poder político que transita del autoritarismo al fascismo.

 

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