Salud

Campaña contra el Tabaco

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CIUDAD DE MÉXICO. (Redacción).- Fumar no sólo es un problema de salud, también de gasto para cientos de empleadores en Estados Unidos quienes gastan aproximadamente $6,000 extra por año por cada trabajador que fuma en comparación con los no fumadores.

¿Consideras correcto que las empresas no contraten a una persona sólo por ser fumador? ¡Opina!

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Ohio reveló que los empleadores estarían gastando anualmente $5,800 por fumador, publicaron medios.

Pero las cifras no quedan ahí, el costo de esas pequeñas pausas para salir a fumar representan en promedio $3,077 anual, el ausentismo está calculado en $517 y el presentismo (los empleados asisten a trabajar pero su rendimiento es bajo por la adicción a la nicotina) en $462.

De acuerdo con el sector de actividad y el puesto de trabajo que desarrollan el costo por ese fumador puede ir de $2,885 a $10,125, publicó El Universal.

“Los empleados que fuman imponen costos adicionales significativos a los empresarios privados”, comentaron los investigadores, publicó AFP.

Según los encargados de la investigación, ésta tiene como objetivo ayudar a “tomar decisiones con respecto a su política sobre el tabaco”.

Actualmente algunas compañías en Estados Unidos ya han tomado medidas al respecto, pidiendo a sus empleados fumadores pagar una cuota extra por su seguro médico. Las medidas de otros empleadores han sido más estrictas como no contratar a fumadores o despedir a aquellos que no han dejado esa adicción en un plazo determinado.

Datos muestran que cada año en EEUU mueren aproximadamente 443 mil personas a causa del tabaco.

Esta epidemia mata cada año a unos seis millones de personas en el mundo. Yo solo fumo cuando me tomo un trago’, ‘Fumo cuando estoy nerviosa’, ‘Fumo para liberar la tensión’. Las excusas sobran a la hora de justificar el hecho de llevarse un cigarro a los labios; y aunque hay una fuerte campaña contra el tabaquismo pocos se detienen a pensar que ese vicio puede llevar a la muerte de una forma segura.

La epidemia mundial de tabaquismo mata cada año a casi seis millones de personas, de las cuales más de 600 mil son no fumadores que mueren por respirar humo ajeno. Es por eso que cada año, el 31 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y asociados de todo el mundo celebran el Día Mundial Sin Tabaco, dedicado a resaltar los riesgos para la salud asociados al uso del cigarrillo y promover políticas eficaces para reducir ese consumo.

CASOS EN PANAMÁ

En Panamá no pasa desapercibido el tema. Según el doctor Ricardo Montenegro, director médico de Roche, en Panamá se presentan anualmente 341 casos de cáncer de pulmón producto del consumo del cigarrillo y fallecen alrededor de 330; es decir más de un 90%. ‘Este tumor ocupa el segundo lugar en padecimiento entre los hombres panameños y el quinto entre las mujeres del país’, detalló.

En esa misma línea el doctor Marcel Penna Franco, jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Santo Tomás, agregó que aunque ellos no manejan una cifra exacta de fumadores en el país, los casos de mortalidad a causa del cáncer de pulmón por el consumo de tabaco ha disminuído grandemente hace un par de años, sin embargo, ‘hay que seguir creando conciencia al individuo fumador y no fumador para que se aleje de ese vicio’.

Penna también afirmó que para el año 2010 el 10% de las muertes estaban asocia das al consumo de tabaco. Mientras que en el 2009 se estimó que fumaban unos 19,049 jóvenes entre 13 y 18 años.

El psiquiatra también agregó que esta lucha es constante y las perspectivas para que una persona deje de fumar voluntariamente son muy pocas. Alrededor de 3 a 5% de quienes lo intentan lo logran. Las probabilidades de éxito aumentan seis veces o más cuando se hace con medicamentos y grupos de ayuda, la cual se ofrece en las clínicas de cesación de tabaco del Ministerio de Salud y en la Caja de Seguro Social, en donde reciben a personas desde los 20 años y pasados los 50 con el problema y los resultados han sido muy fructíferos.

Las iniciativas son diversas y actualmente el sistema de salud pública cuenta con 21 clínicas de cesación del tabaco a nivel nacional, las cuales se pueden acceder a través de la línea caliente 800-8743 o al 5075622.

Con el fin de contribuir a la causa antitabaco, varias clínicas estarán realizando durante el mes de julio una serie de talleres intensivos a fin que los pacientes reciban la mejor atención posible a la hora de tomar la decisión de dejar de fumar.

PLANTEAMIENTOS

Para el año 2007 la OMS prohibió definitivamente la publicidad, promoción y patrocinio de cualquier tipo de cigarrillo o similar y afirmó que este tipo de medidas son costo-efectivas en la reducción de la demanda de tabaco. A pesar de que se conoce la efectividad de la prohibición, el reporte de 2011 de la OMS sobre la epidemia global de tabaquismo señala que en el año 2010 solamente el 6% de la población mundial estaba protegida por esta medida.

Debido a los daños que puede producir el tabaco, es fundamental reforzar las campañas de información para prevenir su consumo o lograr que quienes fumen abandonen esta adicción, afirmó Raúl Sansores Martínez, Jefe de la Clínica de Tabaquismo del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER)

  El beneficio más palpable e inmediato al dejar de fumar es la sensación de bienestar, y a largo plazo el incremento en la sobrevida. Incluso quienes dejan de fumar a los 65 años tienen un aumento de 3.7 años, en comparación con los que continúan fumando.

  Para las personas que desean dejar de fumar, se cuenta con centros especializados como la clínica para dejar de fumar del INER, en donde las personas reciben atención integral que les ayuda a dejar esta adicción.

  El especialista resaltó que la población fumadora debe ser consciente de que el tabaquismo no sólo daña los pulmones, sino que ocasiona cáncer y enfisema, conlleva a un envejecimiento prematuro, provoca daños odontológicos, disfunción sexual y depresión.

También puede provocar problemas de salud reproductiva, aborto, complicaciones del embarazo, muerte fetal, síndrome placentario, enfermedades cardiovasculares, cáncer de mama, cáncer cérvico-uterino, osteoporosis, infecciones, cáncer de pulmón y EPOC, entre otras.

En México, aproximadamente 27.8 por ciento de hombres y 9.9 de mujeres fuma y la mayoría inicia en la adolescencia, etapa en la que son más vulnerables a la adicción a esta sustancia.

La adicción se crea porque la nicotina estimula al sistema nervioso central y esto produce nuevos receptores que van aumentando conforme el individuo incrementa el consumo del tabaco, los cuales demandan nicotina en el cuerpo.   Finalmente Erika Urdapilleta Herrera, psicóloga del INER, afirmó que la información, el diagnóstico, el tratamiento oportuno y las campañas, principalmente dirigidas a la población joven, son primordiales para el control del consumo del tabaco.

Tener padres, familiares y maestros fumadores, que puedan comprar cigarros sueltos en puestos de la esquina y cerca de sus escuelas, las ofertas en las tiendas de conveniencia, la publicidad y la presión social de sus amigos son algunas de las causas por las que cada vez más niños y adolescentes comienzan a fumar, aseguró Guadalupe Ponciano Rodríguez, directora general de la Clínica contra el Tabaquismo de la UNAM.

A propósito del Día Mundial sin Tabaco, la especialista de la Facultad de Medicina explicó que el inicio en el consumo del tabaco en los menores es multifactorial.

  “Una de las influencias es tener papás fumadores. Los niños piensan que fumar no puede ser tan dañino si lo hacen los padres. Eso hace que tengan a la mano cigarrillos, ni siquiera los tienen que comprar. Igual, si los maestros fuman y los chavos los admiran, eso impacta; igual que en las películas, son modelos a seguir”, dijo.

Según la Encuesta Nacional de Adicciones 2011, casi la mitad de los fumadores en México iniciaron el consumo antes de los 16 años. No obstante, la Secretaría de Salud del DF y la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) tiene registros de que ahora inician entre los 10 y 12 años, en particular las niñas.

La investigadora universitaria reconoció que influye mucho que los padres de familia los manden a comprar las cajetillas a la tienda y peor aún, que en éstas les vendan a los menores aun cuando es un delito.   “Se debería hacer una campaña donde se digan las implicaciones que provoca que tu como adulto mandes a los niños a comprar cigarros o cerveza, porque esa es una de las formas más accesibles”, consideró.

“NO A LA VENTA DE TABACOS SUELTOS”

Rafael Camacho Solís, director del Instituto para la Prevención de las Adicciones en el DF (IAPA), propuso confiscar la mercancía y detener a quienes vendan cigarros sueltos en tienditas y puestos de las esquinas para combatir la adicción al tabaco en niños y adolescentes.

 “Se podría facultar prácticamente a cualquier policía para que, si ve que alguien infraganti está vendiendo cigarros a menores de edad o alcohol, se le puedan recoger todos esos materiales y que sea la autoridad sanitaria la que aplique las sanciones”, dijo en entrevista.

Una cajetilla de cigarros cuesta entre 40 y 50 pesos. Normalmente contiene 20 piezas y si se venden sueltos suelen costar cuatro pesos. La ganancia de los vendedores puede ser hasta el doble.

  Ante esta situación, Rafael Camacho, director del IAPA, consideró que no es necesario que intervenga el Gobierno federal o el Instituto de Verificación del DF en los establecimientos que violan la ley.   “Ahí está la policía y es preventiva. Hay que hacer esa intervención que evite que se hagan estas faltas administrativas y que pueden convertirse en delito”, dijo.

Agregó que los padres de familia también podrían denunciar la venta de alcohol y de inhalantes a menores para que se apliquen las sanciones correspondientes. “Después de que multes a varios establecimientos que están vendiendo cigarros a menores van a aprender que no vale la pena”. Consideró que “llevamos 30 años de que no podemos acabar de cumplir una ley”.

 “AÚN NO QUIERO DEJARLO”

Lula lleva más de diez años fumando. Empezó a los 13 en la secundaria, pero lo dejó porque sus amigos le decían que no sabía fumar. “Mi papá fue fumador compulsivo hasta los últimos días de su vida. Mi mamá, es fumadora social”, dice.  Recuerda una frase que su madre le decía: “Ten vicios cuando te los puedas pagar”, y como entonces ya trabajaba, retomó el gusto por el tabaco”. Tenía 18 años.

Al día, dice, se acaba una cajetilla, aunque a veces se fuma un cigarro y lo evita cuando hay niños alrededor o personas enfermas.   Dos veces ha pensado en parar. La primera lo logró un par de semanas cuando quiso desintoxicarse para embarazarse, pero se arrepintió.

La segunda, porque tuvo una pareja que no fumaba, pero la relación terminó y ella regresó a la nicotina. “Soy fumadora en potencia. Me relaja, me gusta su sabor, lo disfruto mucho”.

Asegura que el día que decida dejar de fumar será por apariencia, pues sus dientes están amarillos y su encía se obscurece.   A sus 36 años, dice estar consciente del daño que el tabaco provoca en su salud. “En algún momento lo tendré que dejar porque me hace mal, pero se requiere decisión, y la neta es que aún no tengo ganas de dejarlo”.

 “LO DEJÉ Y HOY MI VIDA ES UNA MARAVILLA”

De un día para otro, Víctor Castañeda dejó de fumar. “Un día por la mañana me levanté, compré una cajetilla y un encendedor como siempre, los abrí y los tuve ahí en mi casa”.  Sin contarle a nadie, decidió “que la mejor manera de dejar de fumar era con fuerza de voluntad. Ví que si podía aguantarme las ganas no por no tener cigarros, sino por aguantarme, podría hacerlo”. Y lo hizo.   Atrás dejó 12 años de fumarse una cajetilla y media de cigarros al día. “Ya tenía voz como de Arjona.

A mí me gusta cantar y cuando cantaba, el aliento me sabía a tabaco. Me dio mucho coraje conmigo mismo, impotencia y tristeza por el daño que me estaba causando yo solo”.   El proceso fue difícil. Sentía ansiedad, desesperación. “Sí me hacía falta el cigarro, porque sí me hacía falta. A veces no sabía ni cómo sentarme sin un cigarro en la mano, ya era parte de mí”.

El primer año fue el más difícil. “Alguna vez leí que el período de antojo de un cigarro dura de cinco a diez minutos. Yo no me hice de chicles antitabacos ni dulces. Me hacía de alguna actividad, leer algo, escuchar música, cualquier cosa que me distrajera”.

El proceso no fue fácil. “Fue una pesadilla, pero gradualmente se me quitaron las ganas de fumar. El antojo ya lo superé, puedo estar con un fumador y cuando me invitan, puedo decir ‘no, gracias'”.   Su ejemplo motivó a su padre y su hermana a dejar el cigarro, cada uno con su propio método, pero lo lograron. Con voz serena, asegura: “Estoy convencido de que 80% es fuerza de voluntad y que otro 20% lo asimila el cuerpo”.

A sus 35 años, dice: “Ya no me enfermo como antes. Contar con salud es invaluable, respiro diferente, inhalo y sí lleno mis pulmones, puedo correr y no estar como perro con la respiración agotada. Tengo libertad de estar donde quiera sin que me digan que me salga, disfruto y no le molesto a nadie. Si estoy en un lugar donde no se puede fumar les pido que apaguen su cigarro”.

   “ESTO ES UNA LUCHA DE TODA LA VIDA”

Teresa tiene 42 años y casi la mitad de ellos los ha vivido acompañada del cigarro. Comenzó a fumar a los 18 años. “Estaba en la preparatoria, era una cuestión de grupo, como los demás fumaban yo empecé con un cigarro, aunque ni le sabía dar el golpe, pero definitivamente fue por la aceptación de grupo en la adolescencia, por imitación, es lo más común”, dice.

 Cuenta que en su casa no tenía mucha influencia por el cigarro, pues sólo su abuelo fumaba, pero “rápido me dí cuenta de que no era benefico para mi salud, aunque no tenía plena consciencia de lo que hacía”.

Su trabajo como profesora universitaria la llevó a conocer a profundidad los efectos de la nicotina en la salud. “Yo he llegado al grado de sentir que transpiro nicotina”, dice.   Por eso varias veces ha intentado dejar esto que ya reconoce como una adicción. Una de esas ocasiones fue porque se embarazó, pero después de algún tiempo, recayó.

  En busca de ayuda profesional, ha acudido a diversas clínicas especializadas contra el tabaquismo, lo mismo públicas que privadas, una de ellas es la del Instituto Nacional de Cancerología. “He tenido varios intentos. He probado desde la fuerza de voluntad, las pipetas que suministran nicotina, los cigarros electrónicos, he estado en tratamientos integrales de diversos tipos en clínicas especializadas”, pero va y viene.

redaccion

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