ColumnistasJosé Luis Ortega Vidal

La crónica de un adiós sin Fe…

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José Luis Ortega Vidal

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Habría sido atacado mortalmente entre las 6:30 y las 7:00 horas del lunes 17 de junio.

Su cadáver fue descubierto alrededor de las 9:00 horas.

Para las 10:30 horas la información circulaba ya -con amplitud- en las redes del poder político.

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Fueron 40 puñaladas, se afirmó en la primera versión.

Hacia el medio día, una segunda historia -nuevamente en los círculos de poder- ubicaba en 43 el número de heridas.

A las 14:00 horas se difundía la inminente visita del Procurador de Justicia.

A las 16:00 horas el fiscal de la entidad intentaba frenar el huracán de especulaciones que un día más tarde volvería con mayor fuerza para instalarse en forma definitiva.

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A manera de salida de emergencia, Amadeo Flores Espinoza apenas mencionó que el robo era una línea de investigación; pero podría haber otras…

No hubo comunicado oficial sobre el número de huellas violentas en el cuerpo

El dato de las 40 ó 43 puñaladas viajaba como el viento: sin orden, sin una fuente que lo justificara, pero con mucha fuerza.

Y junto a esa versión se hallaban los pasajeros de la especulación y de la imaginación colectiva:

…que si fue pasional; que si la riqueza inexplicable; que si el antecedente de un secuestro dos años atrás; etcétera…

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La maledicencia crecía.

Dio la impresión que sólo el temor era capaz de frenarla un poco…

Se trataba del asesinato de un líder religioso; de un Pastor protestante; al margen de la falta de información y de los chismes, la víctima fue un trabajador de la Fe y el impacto permeaba en todos los estratos sociales.

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Desde los primeros minutos una versión empezó a cobrar cariz de análisis.

Más aún, fue tomando forma de sustento.

“Se trata de un hecho ligado inevitablemente con la política”, se dijo y se dice.

“Si no es el origen, por lo menos será la consecuencia”: se estableció en torno a la variable del poder.

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Aparecieron el control de los daños y el montaje sobre la desgracia ajena para aprovechar la coyuntura.

El poder es el poder; ya sea entre Tirios o Troyanos.

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La versión original que plantea un ataque de 5 puñaladas se ha ido desvaneciendo en el ámbito de la credibilidad;.

No así en los datos oficiales. La fiscalía no suelta prenda; insiste en la versión del robo y el ocultamiento sobre la cantidad exacta de las heridas.

Y al no ventilarse una versión de las autoridades, las versiones periodísticas se han sumado a la especulación inicial de los círculos del poder: la víctima sufrió más de 25 estocadas; se afirma en medios.

Renacen las teorías sobre una motivación de los asesinos que no es precisamente el robo; los temas de la pasión, la venganza y los sustantivos que les rodean, circulan imparables entre la colectividad sedienta de retorcimientos…

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Y en medio de este caos informativo se añaden ingredientes que lejos de abonar al manejo profesional y ético del caso, contribuyen a su enrarecimiento:

a)      El trato privilegiado de las autoridades a un testigo clave: la viuda que reemplazará al Pastor Claudio Martínez en su labor eclesiástica dentro de la Comunidad de Dios y su única acompañante el día que lo ultimaron en su residencia de la colonia Petrolera de Coatzacoalcos.

b)      La atención política inoportuna ante un escenario, impertinente sí, pero semejante a otros dramas que sólo han sufrido la ineficiencia y el desdén oficiales. Por ejemplo los asesinatos de dos mujeres en la colonia El Tesoro de la ciudad y puerto y el crimen de una tercera dama –indigente ella- en un mercado local; crímenes ocurridos apenas una semanas atrás, sin resolución y sin la atención institucional que generó la muerte del Pastor.

c)       La mezcla inevitable de elementos de fe; de manipulación; de fanatismo –seguidores del Pastor arengaron que resucitaría a las seis de la tarde del mismo día que partió de la vida terrenal-; de política electoral; de poder; de dinero; de desinformación; de especulaciones.

d)      La falta de respeto de todos los participantes en esta suerte de circunstancial novela negra: triste, lamentable, dolorosa y protagonizada por un hombre que murió a manos de uno o más asesinos y ahora es víctima de una sociedad tan estupefacta como morbosa y egoísta.

redaccion

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