Cultura

Muñoz Molina un grande de la Literatura Española

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OVIEDO ESPAÑA. (Redacción).- Antonio Muñoz Molina es uno de los grandes nombres de la literatura española actual. Pero también es un autor que va más allá: es un intelectual comprometido, con su país y con su tiempo, con la tolerancia y la democracia. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras lo reconoció hoy en esa globalidad.

Novela, relato, ensayo, artículos en la prensa y alguna obra de teatro no publicada. Muñoz Molina lo ha abarcado todo. Su estilo es sobrio, depurado, lejos de artificios innecesarios. Y su tono se mantiene siempre cerca de una cierta melancolía.

“Hondura” y “brillantez”, destacó el jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, características con las que ha narrado fragmentos relevantes de la historia de España, episodios cruciales del mundo contemporáneo y también experiencias personales.

Fue con un relato, “El hombre sombra”, cuando en 1983 inició su andadura literaria. Lo presentó a un premio. “Y ni siquiera quedó entre los 30 primeros”, se reía hace un tiempo el escritor, que algo más de una década después de aquello, en 1995, fue con 39 años el miembro más joven en entrar en la Real Academia de la Lengua.

En 1984 publicó su primer libro, “El Robinson urbano”, una recopilación de los artículos que había ido publicando en la prensa mientras trabajaba como funcionario en Granada.

En 1986 llegó su primera novela, “Beatus ille”, con una ciudad imaginaria, Mágina, como trasunto de Úbeda, en la que él nació en 1956 en una familia campesina y de la que se fue a Granada para estudiar Historia del Arte.

“El invierno en Lisboa” (1987) le valió el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. Tras “Beltenebros” (1989), en la que indaga en la condición humana, en 1991 llegó su consagración definitiva con “El jinete polaco”, con el que repitió Premio Nacional y ganó también el Planeta.

La de Muñoz Molina es “una obra que asume admirablemente la condición del intelectual comprometido con su tiempo”, según el jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que 13 años después de haber distinguido al guatemalteco Augusto Monterroso volvió a dar el galardón a un escritor de habla española.

La obra de Muñoz Molina ha sido traducida a una veintena de idiomas. Porque lo que escribe tiene dimensión internacional, incluso universal.

Una de las novelas en las que queda más patente es “Sefarad” (2001), situada por algunos críticos entre las obras maestras de la literatura en español. Muñoz Molina hace en ella un retrato de los perseguidos. Aborda el exilio y la diáspora. También los que están dentro de uno mismo. Y abandera a las víctimas del holocausto nazi y del estalinismo en un intento por no dejar olvidar.

“Y tú qué harías si supieras que en cualquier momento pueden venir a buscarte, que tal vez ya figura tu nombre en una lista mecanografiada de presos o de muertos futuros, de sospechosos, de traidores”, escribe en ella Muñoz Molina.

“Sefarad” estuvo detrás de la concesión del Premio Jerusalén, que recogió a comienzos de este año envuelto en una polémica a la que se enfrentó abiertamente, después de que un grupo de intelectuales de izquierdas, de colegas, le instara públicamente a no viajar a Israel como boicot a la política de su gobierno hacia los palestinos.

“Israel es un país plural donde, que yo sepa, de la misma forma que hay gente muy reaccionaria e integrista, hay mucha gente progresista muy crítica con la ocupación de los territorios, gente que dentro de Israel milita por la solución del conflicto”, aseguró. Porque Muñoz Molina no se calla. Es parte de su compromiso y resultado de una observación escrupulosa de la realidad.

No dudó en arremeter, por ejemplo, en el quinto aniversario de la “primavera negra” cubana contra los intelectuales progresistas que guardaban silencio sobre el encarcelamiento en Cuba de periodistas y escritores por motivo de conciencia. “No hay ninguna razón que haga tolerable la tiranía”, dijo entonces.

Su compromiso, su análisis crítico, se ve bien en sus ensayos. El más reciente es “Todo lo que era sólido”, un libro en el que pasa revista a las miserias que han llevado a España de la opulencia a la grave situación actual.

Muñoz Molina no ha ahorrado nunca críticas a la clase política de su país. Tampoco en ese ensayo. A finales de mayo, además, plasmaba su firma en un manifiesto en el que, en medio de la crisis institucional por la que España pasa también, se pedía una nueva ley de partidos para hacer más democráticas por dentro a las formaciones.

En lo personal, la vida de Muñoz Molina discurre al lado de la también escritora Elvira Lindo, su segunda mujer desde mediados de los 90. Su “santo”, lo llama ella. Viven a caballo entre Madrid y Nueva York. Allí se mudaron cuando a él lo nombraron director del Instituto Cervantes neoyorquino y allí siguen pasando la mitad del año, en la que Muñoz Molina imparte clases en la New York University.

En octubre recibirá en el Teatro Campoamor de Oviedo de manos del príncipe Felipe el galardón, dotado con 50,000 euros (65.000 dólares), y en cuya recta final, en las deliberaciones del jurado, se impuso al irlandés John Banville y al japonés Haruki Murakami.

Fuente: Vanguardia

redaccion

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