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Crisis política

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Prospectiva

Por JAIME RÍOS OTERO

Por mucho menos de lo que está ocurriendo en Veracruz, ya hubiera renunciado un gobernador, un presidente o un primer ministro, en Estados Unidos o en los países avanzados de Europa.

La presión pública, pero sobre todo la conciencia propia, la ética, hubieran surtido el efecto de generar un relevo rápido que permitiera una recomposición del gobierno con nuevos personajes y mejores estrategias para solucionar la crisis política que existe. Pero no.

Estamos en el tercer mundo y aquí lo que priva es el cinismo, la cachaza, la piel dura y la desvergüenza para mantenerse en el poder a como dé lugar, sin importar el hartazgo, el estancamiento económico y el sufrimiento de los sectores más vulnerables ante una política del estado que ni propicia el crecimiento y la prosperidad, como es su lema, ni permite que otros puedan hacerlo.

En realidad, vivimos en una dictadura, para nada en una democracia. Ésta es sólo la fachada, el barniz con el que se pinta un sistema autoritario, indiferente a las inquietudes populares, a las quejas, enemigo de la libre expresión, insensible a las penas de los sectores productivos, e irrespetuoso de la división de poderes.

Los casos más recientes, que ponen el caos que vivimos en Veracruz en las primeras planas de la prensa mundial, son la desaparición del reportero Gregorio Jiménez, ocurrido el día cinco de febrero, y la manifestación, ayer en el puerto de Veracruz, de padres de familia que dan cuenta de la desaparición, mediante el repugnante levantón, de 13 (¡trece!) jóvenes porteños entre noviembre y diciembre.

En el tema del colega Gregorio Jiménez, que por sí mismo es una tragedia, se añade el absurdo prurito censurador que es característico del duartismo, donde ha quedado claramente delimitado que algunos dueños de medios de comunicación son abiertamente opuestos a lo que idealmente deberían practicar, que es la libre expresión.

Trascendieron las prohibiciones que directivos hicieron a varios de sus reporteros para que acudieran a manifestarse. De poco sirvió la prohibición, porque muchos desafiaron las órdenes de sus empleadores y tomaron las calles, tanto en el sur como ayer al mediodía en la capital del Estado, para manifestar su inconformidad ante la oleada de levantones y asesinatos de periodistas en el Estado de Veracruz.

Flaco favor le harían esos empresarios al régimen si despidieran a los rebeldes, porque entonces vendría un nuevo escándalo para aquel. Y bien vale la pena hacer el recuento de que la actual administración tiene el récord de incidencia de asesinatos: Noel López Olguín, Miguel Ángel López Velasco, Misael López Solana, Yolanda Ordaz, Regina Martínez, Guillermo Luna Varela, Gabriel Huge  Córdova, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino, y ahora la desaparición de Gregorio Jiménez, que al igual que cientos de ciudadanos (a lo mejor suman miles) son plagiados y jamás vuelven a ser vistos con vida.

Aún no salimos del escándalo de la muerte del cantante Gibrán Martiz, cuando aparecen nuevas evidencias de que los levantones son algo que está generalizándose de manera peligrosa. Ayer se dio, como decíamos, una marcha de familias porteñas en el centro de Veracruz, quienes demandan que sus hijos sean regresados vivos, luego de que fueron secuestrados en los últimos meses del 2013.

Otra de las especialidades de las autoridades veracruzanas es la creación de cortinas de humo o de chivos expiatorios. En el caso de Víctor Manuel Báez Chino, por ejemplo, se tomó como pretexto la muerte de algunos malandrines en una balacera por el rumbo de San José, para asegurar que sus asesinos eran los fallecidos en ese enfrentamiento y ahí quedó la cosa, sin aclaración precisa, sin más explicaciones al público, que las merece por ser un tema de interés general y por vivir nosotros (supuestamente) en una democracia.

En la muerte de Regina, las inconsistencias en la investigación fueron internacionalmente difundidas, y finalmente derivaron en la liberación del único sentenciado, un pobre individuo apodado “El Silva”, liberación que por cierto generó una dura represalia contra el magistrado ponente, a la vez editor periodístico, al que le cancelaron para siempre sus convenios de publicidad.

De tal manera que, como ha sido la tónica en anteriores ocasiones, no sería raro que apareciera el colega, infortunadamente privado de la vida, y sus captores muertos en algún encuentro con las fuerzas del orden, tal como se estila.

columnaprospectiva@gmail.com

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