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Se requiere más que dinero

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Prospectiva

  Por JAIME RÍOS OTERO

Ni el cambio de titular en la Coordinación de Comunicación Social, ni la designación de Filiberto Vargas Rodríguez como director de Prensa, que fue bien recibida por la comunidad periodística del Estado, lograron desactivar la protesta pública de reporteros que demandan el cese a las agresiones contra los trabajadores de los medios de comunicación.

El nombre del colega caído, Gregorio Jiménez de la Cruz, ha tenido la triste celebridad de unir a periodistas de todo el país, que se han hecho eco de los clamores del gremio veracruzano, para solicitar  garantías para el ejercicio del periodismo, agraviado por cierto en varias partes de México, pero especialmente lacerado en la Entidad jarocha.

Comunidades tan distantes como las de Coatzacoalcos, Veracruz y Xalapa, en el Estado de Veracruz; en relación con las ciudades de Cuernavaca, Morelos; Guadalajara, Jalisco; la ciudad de México; Morelia, Michoacán; Villahermosa, Tabasco; Monterrey, Nuevo León; Hermosillo, Sonora; León, Guanajuato; Querétaro, Querétaro; Jalpan, Querétaro; Culiacán, Sinaloa; Mérida, Yucatán; Fresnillo, Zacatecas; Campeche, Campeche; Reynosa, Tamaulipas; Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; y Mexicali, Baja California, se unieron en una misma exigencia en pro de que la libre expresión no se vea amenazada.

Los manifestantes del país emplearon un lema como para indicar su origen ante la posible amenaza de armas de fuego: “¡Prensa! No disparen”. Y en el caso de Xalapa, se unieron reporteros gráficos, reporteros y editores, con alusiones directas al gobernador, al secretario de Seguridad Pública y (¡oh!) a la recientemente sustituida coordinadora de Comunicación Social: “Gina, la prensa te saluda”.

Así que el reto para el señor Alberto Silva Ramos, antes cisne, hoy pavorreal por decisión propia, es nada fácil. Tiene entre manos nada menos que revertir la pésima imagen internacional que tiene el Gobierno de Veracruz, pero tendrá que comenzar por los de casa.

Desafortunadamente, parece que tiene más debilidades que fortalezas, aquellas producto de una avalancha que ha venido socavando el prestigio (si es que alguna vez tuvo alguno) de un régimen ajeno a la sensibilidad popular, con un alto grado de ilegitimidad social, reputado por decisiones caprichosas, económicamente arruinado, con funcionarios que carecen de oficio hasta para lo más elemental, y lo peor: que en vez de que enderecen la nave practican la rapiña y la irresponsabilidad.

Fue una decisión valiente de Filiberto Vargas, estimado y reconocido por los colegas, haber aceptado tamaña responsabilidad, en las peores condiciones posibles. Desafortunadamente, los augurios no son buenos porque no sólo se necesita buen carácter y amabilidad a toda prueba para el trato diario con los chicos de la prensa, sino dinero para los cientos de demandantes de él y, aun suponiendo que lo haya, es imperativo que las acciones de gobierno sean adecuadas, porque si no, los escándalos acaban por avasallar a todo el dinero del mundo. Yo me atrevo a apostar porque esto último es lo que va a privar.

La forma como están empezando los nuevos funcionarios es indicativo de la forma como se resuelven las cosas en Veracruz.

El nuevo procurador, con denuncias encima por agredir, cuando sólo era un litigante, nada menos que a un agente del Ministerio Público (imaginarse cómo actuará ahora que está en “la plenitud del pinche poder” es para dar escalofríos).

Y el nuevo coordinador, reiteradamente señalado por dejar al municipio que gobernó, Tuxpan, con una deuda que lo hace uno de los municipios más endrogados del país. O sea, en lugar de que sus figuras fortalezcan al gobierno, se convierten ya de entrada en símbolo de escándalo por prácticas que no son compatibles con lo que la Entidad necesita y demanda.

Pues así seguirá la tónica en Veracruz. columnaprospectiva@gmail.com

 

redaccion

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