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Muere el Actor Robin William

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LOS ÁNGELES. CALIFORNIA. (Redacción).- El actor norteamericano Robin Williams (21 de julio del 1951, Chicago, Illinois) ha aparecido muerto este lunes en su domicilio de Tiburón, en el norte de California. Según ha informado el Departamento del Sheriff de Marin County, los primeros indicios apuntan a que podría tratarse de un suicidio. El intérprete, conocido especialmente por sus papeles cómicos, ganó un Óscar en 1997 por «Good Will Hunting» (El indomable Will Hunting).

Williams, de 63 años, había ingresado recientemente en un centro de rehabilitación en su interminable lucha por las adicciones, aunque esta vez como medida de precaución. Sus representantes afirmaron que Williams no estaba consumiendo drogas o alcohol y que había acudido a la institución para «mejorar y centrarse» tras un calendario de trabajo más largo de lo habitual.

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El actor estaba inconsciente y no respiraba cuando fue encontrado en su casa de la localidad de Tiburón, muy cerca de San Francisco, por los equipos de emergencia que se trasladaron hasta allí en torno al mediodía de hoy (19.00 GMT), tras recibir una llamada de socorro. La policía explicaba en ese momento en un comunicado que «un sujeto de sexo masculino fue declarado muerto a las 12:02, identificado como Robin McLaurin Williams, de 63 años, residente de Tiburon, California», y que la causa probable de la muerte fue «suicidio por asfixia». Los médicos confirmaron la muerte de Robin McLaurin Williams, poco después de llegar y las autoridades abrieron una investigación para esclarecer las causas de su repentino fallecimiento.

La última vez que se vio al actor con vida fue en su casa este domingo en torno a las 22.00 horas (05.00 GMT del lunes). Su cadáver será examinado el martes por el forense, quien también encargará las pertinentes pruebas toxicológicas, según confirmó la oficina del alguacil.

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Susan Schneider, esposa de Williams, ha publicado un comunicado en el que pide privacidad tras el suceso. «He perdido a mi marido y mi mejor amigo, mientras que el mundo ha perdido a uno de sus artistas más queridos y uno de los seres humanos más bellos», ha dicho. «Estoy totalmente desconsolada […]. Esperamos que el foco no esté en la muerte de Robin, sino en los incontables momentos de felicidad y risa que dio a millones de personas», ha agregado tal como recoge Europa Press.

Una vida entera entregada al séptimo arte

Robin Williams, quien tuvo una carrera de más de tres décadas, se dio a conocer internacionalmente por su papel en «Good Morning Vietnam», una cinta dirigida por Barry Levinson en 1987.

Conquistó al público en todo el mundo con su brillante papel como profesor frente a adolescentes con «El club de los poetas muertos», y en cientos de películas cómicas como «La señora Doubtfire».

En entrevista a principios del mes de Julio de este año se dijo: Robin Williams ha ingresado en rehabilitación para mantenerse sobrio y alejarse de la tentación de beber alcohol, según ha desvelado la versión inglesa del «Huffington Post». «Robin está centrado en su compromiso [de no beber] y está muy orgulloso», explicó su representante a la publicación.

El actor, de 62 años, está ingresado en el Centro de Tratamiento de Adicciónes de Minesota. El intérprete se está sometiendo a un programa destinado para las personas que se han mantenido sobrias un periodo de tiempo largo, según informó «TMZ» Williams ha lidiado con su adicción a diversas sustancias desde 1980. Hace años admitió que consumía cocaína y alcohol y en 2006 se rehabilitó. «La adición no la provoca nada en particular, simplemente está ahí», admitió en una entrevista a la cadena «ABC».
En dicha charla, que mantuvo con la presentadora Diane Sawyer, explicó cómo se sentía. «La adicción espera. Se tumba a tu lado para hasta que tú piensas “ahora estoy bien”. Entonces es cuando te das cuenta de que realmente no estás bien», contó.

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Cocaína es la manera que tiene Dios de avisarte que estás ganando mucha plata”, decía Robin Williams. La cocaína y el alcohol corrieron a roletes por la vida de Williams, al compás de la popularidad y de esos dólares que le llovieron en las décadas del 80 y el 90, cuando estudios y directores se peleaban por contratarlo. El comediante supercotizado intentó mutar en actor multiterreno y un par de fracasos cavaron bien hondo ese pozo de las adicciones del que casi nunca emergió entero. Querido, admirado, premiado, un boom en el tiempo de las videocaseteras, Williams convivió con demasiados fantasmas y se fue como muchos presagiaban. Sin margen para las sonrisas.

En 1997, la revista Entertainment Weekly lo eligió el hombre más gracioso del mundo. El humor de Williams era del tipo contagioso, muy físico. Un tipo chispeante, pero de ojos apagados. Es que las miradas no suelen mentir, y como les ocurre a infinidad de comediantes, las procesiones interiores de Williams marchaban atronadoras. De allí las recurrentes noticias sobre divorcios (se casó tres veces), internaciones, tratamientos, caídas y confesiones; pedidos de auxilio. Al contrario de Philip Seymour-Hoffman, Williams hizo público su calvario. Buscó simones que lo ayudaran a cargar la cruz, pero invariablemente terminó cerrándose sobre sí mismo. Solo, como el payaso que marcha al carromato al concluir cada función.

Williams era un animal de escenario. Allí empezó, en night clubs, abrazado al humor absurdo de sus adorados Monty Phyton (Eric Idle era uno de sus grandes amigos, al igual que Robert De Niro y Francis Ford Coppola, con quienes inauguró el restaurante Rubicón en San Francisco). Delirando frente al micrófono, en rutinas de stand up que nunca abandonó -y que le abrieron la puerta a la conducción de la fiesta del Oscar-, lo “descubrieron” para llevarlo a la TV.

El grueso de las estrellas del humor habían surgido de la factoría de Saturday Night Live. Williams hizo su propio camino y encontró un tesoro al final del arco iris gracias a Mork, el extraterrestre que personificó en dos capítulos de la sitcom “Nuestros días felices”. “Mork & Mindy”, el pasaporte a la fama de Williams, fue un spin-off de ese show. Antes había actuado junto a otro de sus ídolos, Richard Pryor.

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El doblaje neutro privó a los televidentes de buena parte de los chistes de “Mork & Mindy”. Williams improvisaba y al resto le costaba seguirle el ritmo. Lo mejor de la serie, que se mantuvo cuatro años en el aire (1978-1982) y que se veía en Tucumán por Canal 10, llegaba al final. “Mork llamando a Orson”, preanunciaba el diálogo de Williams con su jefe, un intercambio que derivaba en observaciones ingeniosas sobre el Estados Unidos de la época.

En 1980 Williams encarnó a Popeye en un proyecto ambicioso y fallido, que dirigió el gran Robert Altman. El contacto con realizadores de primer nivel fue un activo en la carrera de Williams, un regalo de la profesión que lo potenció como intérprete. A la vez, derivó en batallas inevitables cada vez que su desmesura natural colocaba un papel al borde del desastre. Porque sobre ese borde caminó el Williams actor durante toda su vida. Las películas en las que se regodea en su propio personaje son, lógicamente, las más flojas. Pero encorsetarlo nunca fue sencillo, porque Williams fue un maestro de la improvisación y nadie quería resignar semejante cualidad.

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La filmografía de Williams es larguísima, intrincada y, básicamente, despareja. Y eso que rodó de la mano de Paul Mazursky, Terry Gilliam (otro Monthy Phyton), Kenneth Branagh, Woody Allen y el propio Coppola. Barry Levinson lo guió en “Good morning, Vietnam!” (uno de los puntos altos) y Penny Marshall supo contenerlo en “Despertares”. De la mano de la dupla Ben Affleck-Matt Damon se alzó con el Oscar al Mejor de Reparto por su composición del profesor Sean Maguire de “Good Will Hunting” (titulada aquí “En busca del destino”).

Williams ganó muchísimo dinero con las comedias de Chris Columbus (“El hombre Bicentenario”, “Señora Doubtfire”) o con el Peter Pan de Steven Spielberg. Otro suceso fue “La sociedad de los poetas muertos”, del australiano Peter Weir. El crítico Roger Ebert la distinguió como una de las peores películas de la historia; un festival de golpes bajos en el que Williams encarnaba a un profesor de literatura que se la pasaba recomendándole “carpe diem” a un joven Ethan Hawke. A esa altura las críticas no le hacían ni cosquillas a Williams, subido al expreso de la cocaína y en el vagón VIP.

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Hizo más películas olvidables, se metió en parcelas desconocidas (un voyeur, un asesino, el rastreador de una esposa suicida), prestó la voz a incontables proyectos de animación y se pasó los últimos 10 años intentando reflotar, en vano, el esplendor perdido. Se despidió haciendo de Teddy Roosevelt en “Una noche en el museo 3”, de estreno pendiente. Los demonios le ganaron la partida a aquel Mork genial, a ese actor tan simpático al que Hollywood le sacó el jugo con sus modos de trituradora. Quedan esas películas que le alegraron las tardes a tanta gente.
Robin Williams tenía 63 años, una extensa filmografía que lo consagró como uno de los actores más talentosos y queridos de Hollywood, un Oscar y cinco Globos de Oro pero el último tiempo su vida se convirtió en una batalla para superar sus adicciones y la depresión. Hoy lo encontraron muerto en su casa en California. Aunque la causa de su muerte todavía no fue notificada por la policía, trascendió que el protagonista de “Patch Adams” y “Papá por siempre”, se habría suicidado.

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La vida de Robin Williams estuvo marcada por el éxito pero también por las adicciones y los problemas de salud. En la década de los 70 y 80 consumió cocaína pero el nacimiento de su hijo y la muerte de su amigo y colega John Belushi (por sobredosis de drogas) lo incentivaron a dejar.

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Tras dos décadas “limpio”, Williams asumió su adicción al alcohol y en el 2006 se internó en una clínica de rehabilitación. Desde entonces mantuvo una cotidiana lucha por mantenerse sobrio.

En el 2009 fue hospitalizado por problemas cardíacos y tuvo que posponer una gira teatral para someterse a una cirugía para reemplazar la válvula aórtica. La cirugía se completó con éxito en marzo de 2009 pero en el 2014 tuvo una recaída y se internó en una clínica de rehabilitación para retomar su lucha contra el alcohol.

Robin Williams ha muerto. Las primeras informaciones apuntan a que este actor, considerado uno de los más entrañables por varias generaciones, optó por el suicidio. Una depresión, agudizada en las últimas semanas, lo habría llevado a tomar la decisión de acabar él mismo con su vida. Su familia lo llora y sus seguidores, contados por millones en todo el mundo, lo recuerdan con dolor y cariño.

Robin McLaurin Williams, nacido en Chicago el 21 de julio de 1951, deja varias películas para el recuerdo. De sus más de 100 caracterizaciones en cine y televisión hemos escogido diez que resuman su versatilidad.

1. Good Morning Vietnam (1987)

Dirigida por Barry Levinson, en esta película Robin Williams interpreta a un discjockey destacado a Vietnam. Su labor no es nada fácil: animar a los jóvenes soldados a través de la radio. Sus problemas empieza cuando Adrian Cronauer (el personaje de Williams) lanza comentarios sobre la guerra que no son bien recibidos por los militares. Anuncios alejados de lo políticamente incorrectos, que responden a la censura con imaginación, mucha ironía y exceso de sarcasmo.

 

2. Jumanji (1995)
“Jumanji” significa en zulu “muchos efectos” y es el nombre de un juego de mesa que inspira un cuento infantil publicado en 1981. En este está basada la película de 1995 en la que participa Robin Williams. En la historia, el niño Alan Parris descubre un juego de mesa mágico, en el que queda atrapado. 25 años después, dos niños encuentran en juego y descubren la magia del juego y a un Alan mayor barbudo. Robin Williams interpreta al Alan ermitaño.
3. Good Will Hunting (1997)
En este filme, el personaje de Robin Williams es un profesor de Química que busca ayudar a un joven que, pese a contar con un intelecto superior al promedio y que pudo ser calificado de pequeño como niño genio, es conflictivo, ha tenido problemas con la justicia y ha crecido en un entorno negativo. Así, el profesor Sean Maguire (Williams) viene a ser una suerte de linterna para que el genio díscolo Will Hunting (interpretado por Matt Damon) salga de la oscuridad. “Good Will Hunting”, su nombre en inglés tuvo nueve nominaciones a los Premios Óscar, de los que ganaron dos, uno al mejor guión original (Matt Damon y Ben Affleck) y el otro lo ganó Robin Williams, como mejor actor de reparto.

 

 

4. La Sociedad de Poetas Muertos (1989)
Imaginen el colegio internado para varones más conservador y rancio. En un sistema lleno de prohibiciones, normas a cumplir y presiones para ser los mejores, hay un profesor salido del molde que, alejado de los convencionalismos de la tradicional escuela, busca llevarle a sus alumnos la sensibilidad hacia el arte y hacia la vida. John Keating es el maestro aludido, lo interpreta Robin Williams. El filme ganó un Óscar por el mejor guión original.

 

5. Patch Adams (1998)
En esta película protagonizada por Robin Williams, el actor da vida a un médico que ve en la risa y el humor una buena terapia para que sus pacientes olviden los malos momentos e incluso mejoren su salud. Patch Adams, el médico, se ve en problemas debido a las polémicas que despertarán sus técnicas son poco convencionales. Otro de los que actúan en este entrañable filme es Philip Seymour Hoffman, actor que también fue hallado muerto el año pasado. Adicto a la heroína, una sobredosis habría acabado con su vida.

 

6. Más allá de los sueños (1998)
Se trata de una historia de amor que trasciende la vida. Robin Williams encarna esta vez a Chris Nielsen, un padre de familia que pierde a sus dos hijos en un accidente de tránsito. La vida de los Nielsen se derrumba y Annie, la esposa de Chris cae en una depresión que se hace más profunda cuando Chris también muere. Annie opta por suicidarse y Chris, desde el más allá deberá buscarla. No la tendrá fácil: en la ficción, quienes deciden suicidarse acaban en el purgatorio. El final es entrañable.
7. Popeye (1980)
Si bien la película fue un fiasco en taquilla y no colmó las expectativas de los seguidores del clásico dibujo animado, este filme permite descubrir, una vez más, la versatilidad dramática de Robin Williams. Olvidémonos del argumento, tan simple como el de las caricaturas infantiles, e imaginemos el trabajo que debió implicar para Williams la creación de Popeye. Desde los gestos, la forma de caminar y las acciones exageradas. Un dato adicional: se trata del primer papel protagónico de nuestro artista en la pantalla grande; antes había tenido roles en la televisión desde 1977.

 

8. Noche en el museo (2006)
Larry Daley (interpretado por Ben Stiller) busca dejar de ser ese personaje gris, mediocre y perdedor que ha perdido su trabajo, es mal visto por su ex esposa y su pequeño hijo. Así, consigue trabajo de vigilante nocturno en el espectacular Museo de Historia Natural de Nueva York. Cuando el Sol da paso a la noche, algo mágico ocurre en este lugar: todas las muestras cobran vida y se puede ver a animales de los cinco continentes dando vueltas por las instalaciones, así como a personajes históricos. Robin Williams interpreta a uno de ellos: el ex presidente norteamericano Theodor Roosevelt. Pese a no ser un personaje principal, el profesionalismo de Williams se ve en cada escena en la que aparece Roosevelt.

 

9. El hombre bicentenario (1999)

En esta película ambientada en el año 2005, Robin Williams interpreta a Andrew, un androide distinto al resto: tiene sentimientos y expresa emociones al igual que un ser humano. Con el pasar del tiempo, 200 años después, Andrew deberá escoger si debe convertirse o no en un ser humano. Basada en un cuento del escritor de ciencia ficción Isaac Asimov

10. Señora Doubtfire, papá de por vida (1993)

Aquí, Robin Williams es Daniel Hillard, quien se divorcia de su esposa y pierde la custodia de sus tres hijos. Pese a que los puede ver los fines de semana, Daniel se entera de que su ex esposa anda en búsqueda de una niñera y es en este punto que la película toma forma: experto en caracterizar personajes (hace el doblaje de películas), Daniel Hillard decide disfrazarse y hacerse pasar como una sesentona, la señora Doubtfire. Es así que se hace del trabajo de niñera y cuida a sus hijos todos los días. La serie de enredos que vienen a continuación refuerzan el mensaje final de esta película: un padre está dispuesto a todo por sus hijos.

 

redaccion

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