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Guerrero y Veracruz

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Prospectiva
Por JAIME RÍOS OTERO

 

Nos honramos con la amistad de quien fuera Secretario General de Gobierno de Guerrero, doctor Jesús Martínez Garnelo, quien hasta este domingo se mantuvo encargado del despacho de gobernador, que ahora está a cargo de otro académico como él, el doctor Rogelio Ortega Martínez. La nuestra es una amistad reciente, pero que perdurará a pesar de los vaivenes políticos, lo mismo que la correspondiente con su estimado secretario, Roberto Galeana Galeana.
En alguna visita que hicimos a las tierras del sur, precisamente a pulsar algunas delicadas cuestiones del Estado, nos dimos cuenta de que la situación allá es (era antes de Ayotzinapa) sumamente compleja, enredada, llena de intríngulis, nudos y trampas. Verdaderamente sólo un impulso sobrehumano podría resolver las cientos de demandas, carencias, intereses, abusos y delitos que hacen del Estado de Guerrero ese polvorín que ahora tiene conmocionado al país.
Es decir, la impresión que nos dejó el gobierno es que va lidiando como puede con una de las regiones más propicias a las acciones del crimen organizado, con grandes saldos en materia de combate a la pobreza, educación y salud; y con expresiones políticas extremas que ven por sus propios intereses, que en muchas ocasiones se disfraza de lucha social, pero a las cuales no les importa el proyecto general que beneficie al estado.
Para acabar pronto, y aunque no lo es lo deseable, pero no sería extraño que el propio nuevo gobernador Ortega Martínez no pueda hacer frente con éxito a la cauda de problemas ancestrales que tiene su estado y, en una de esas, ni siquiera logre figurar siquiera en la necesaria pacificación de la crispación que parece endémica en esa zona. El propio gobierno de Ángel Aguirre no lo reconoció nunca abiertamente, como acostumbran los gobiernos, pero hay regiones enteras que son verdaderas ínsulas, y grupos sociales (lícitos e ilícitos), que ejercen soberanía.
El simple hecho de que haya caído el gobernador, sin que en más de un mes hubiera podido resolver el enigma de los jóvenes desaparecidos, y sin siquiera ofrecer indicios sobre su paradero, revela la terrible contaminación que existe. Obviamente, no es creíble que el señor Aguirre hubiera preferido ser destronado, que ofrecer una solución que lo hubiera llenado de gloria ante la comunidad, no de Guerrero, sino del mundo, que se ha involucrado en el tema.
Su último secretario de Gobierno, y quien le sucedió temporalmente en el cargo, es un intelectual impecable, exactamente igual que quien ahora asume la titularidad del Poder Ejecutivo. Escritor prolífico de 20 títulos que son texto obligado en las universidades iberoamericanas, especialista en seguridad pública, criminología y criminalística; profesor de maestrías y doctorados, y con una trayectoria que implica su vida entera en el ramo judicial, donde ha sido de todo, hasta llegar a presidir el Tribunal Supremo de la Entidad.
Una vida entera consagrada al estudio y la aplicación de la justicia, que empezó con un humilde niño campesino que iba descalzo a la escuela, en alguna perdida comunidad de aquella sierra que dio abrigo al Caudillo del Sur.
¿Qué ocurrió entonces como para que el aparato gubernamental entero no pudiera con el paquete de los estudiantes desaparecidos? Sin duda cosas de las que aún no sabemos, que quizá vayan apareciendo en el futuro, pero que seguramente rebasan los alcances limitados de un gobierno estatal, y perredista, por si hiciera falta que la jauría de PAN y PRD quisieran contribuir a debilitarlo.
Ángel Aguirre sigue la suerte de su colega y vecino Fausto Vallejo, casualmente titular también de uno de los Estados más penetrados por el crimen, y también con mayor pobreza, desasosiego y brotes de revolución social. Idealmente, esto debería ser paradigma para que otros gobiernos que enfrentan similares circunstancias, propiciaran condiciones de auténtica mejora para sus pueblos, y no se dedicaran sólo a robar, desde el mero jefe hasta los empleados más chiquitos, porque el fuego del descontento social y/o las demasías de los criminales, pueden atraerles una suerte similar.
Las cifras no mienten. El trabajo de precisión del diario El Universal revela que, por lo menos en cuanto a fosas clandestinas, el turbulento Guerrero tiene apenas 58, contra 112 de Hidalgo; 119 de Jalisco; 144 de Veracruz; y 252 de Tamaulipas.
O sea, que más bien andamos peor que los vecinos de enfrente.

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