Miguel Angel Goméz Ruíz

Liderazgo sindical en Xalapa

Contrapunto

AMLO y sus locuras

Miguel Ángel Gómez Ruiz

En medio de la turbulenta administración del alcalde de Xalapa, auspiciado por Morena, Hipólito Rodríguez, que se peleó con medio mundo y tuvo la osadía de señalar que no había xalapeños con el perfil adecuado para trabajar en su administración de, quizá, la capital más pobre del país, surgió un personaje que en poco tiempo no sólo le pudo haberle representado una lección de vida, sino que le exhibió su poco tacto y falta de oficio político.

Se trató, ni más ni menos, que del secretario general del Sindicato de Trabajadores del Ayuntamiento de Xalapa, Rolando Ortega Salazar, que en lugar de subirse al ring con el inexperimentado político, sugirió un diálogo abierto, sencillo y sano para resolver las negociaciones entre la autoridad municipal y el gremio que tiene al mayor número de trabajadores dentro del ayuntamiento.

En corto, Ortega Salazar jamás dio una mala declaración, nunca se subió al ring con el edil y lo que fue mejor, en pocas reuniones logró el aumento deseado para sus agremiados. Le sobraron calidad moral y poder de convencimiento.

Por su parte, Hipólito Rodríguez ha ido de traspié en traspié, peleado con todos y por lo menos hasta ahora no ha dado resultados y no se espera mucho de él. No por el hecho de que sea de Morena, agrupación política que tanto criticó a gobiernos priistas y panistas y que por lo menos hasta el momento, sólo ha confirmado que “el remedio ha salido peor que la enfermedad”.

Y es que no se puede gobernar un municipio sin brújula, mucho menos anteponiendo el hígado al diálogo y en eso ha incurrido el alcalde, que sigue peleando con su antecesor, Américo Zúñiga, acusándolo de malos manejos. Lo peor del caso es que por lo menos hasta ahora, no hay evidencia de que haya habido algún desvío de recursos o por lo menos, así lo han arrojado las auditorías practicadas tanto por el Órgano de Fiscalización Superior (ORFIS) y despachos externos.

Tras la negociación salarial y el aumento logrado, pese a que muchos pudieran considerarlo bajo, el líder Rolando Ortega Salazar continúa subiendo sus bonos y estaría en condiciones de ser tomado en cuenta para cargos de elección futuros, pues algo es cierto, cuenta con el apoyo de muchas organizaciones gracias a eso, su liderazgo.

Hoy, el líder sindical goza de credibilidad, algo que requieren muchos priistas venidos a menos.

Moreprian

Convertido en todólogo, Andrés Manuel López Obrador, candidato de Morena a la presidencia del país, sigue recibiendo los cascajos de otros partidos, especialmente del PRI y el PAN. Es decir, lo que ya no sirve en esos partidos lo cobija él y lo que es peor, les promete cargos, pasando por encima de la militancia, la cual ya reclamó el porqué de tales acciones.

Para nadie es un secreto que ni siquiera los hijos de AMLO, enquistados en altos cargos al interior de Morena, son quienes proponen. No, él decide quiénes van de candidatos en cada punto del país. A algunos les regala candidaturas, a otros los impone y lo que es peor, no reconoce cuando se equivoca, como en el caso de Eva Cadena y otros que ya le han dado más de un dolor de cabeza.

Algo que es cierto es que AMLO impone a quien quiere y eso es peligroso, pues a pesar que paga una millonada a cientos de personas que se dedican –en redes sociales- a desacreditar a medio mundo y que contribuyen a polarizar el ambiente en el país (algo que le sale muy bien), siempre se equivoca y se dispara al pie, lo que lleva a perder. Lo que es peor es que siempre le echa la culpa a los demás de sus desgracias.

Por cierto, aunque lo nieguen sus agoreros, AMLO siempre ha tenido una debilidad y es que no soporta la crítica. Su delirio de persecución provoca que sea intolerante a la prensa, a sus enemigos políticos y sobre todo, a los mexicanos que no están de su lado.

El riesgo de una victoria de AMLO no es el hecho de que el país se convierta en Venezuela. No, en Venezuela gobierna un estúpido genocida que sólo gobierna a quien le besa los pies. AMLO ni siquiera se le acerca, como tampoco se le acerca a Lula. Él simplemente lanza sus propuestas y polariza, eso es lo que le ha valido ser popular porque ni siquiera es populista. El populista realiza acciones para ser reconocido y premiado con más cargos o con votos, en cambio, AMLO siempre propone cosas extremas y lo malo es que no dice cómo va a hacerlas realidad.


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